Al final, nada ocurrió de interesante en la XXII Asamblea, no al menos equivalente a las expectativas levantadas en la etapa previa. Pero no se olvide que se trata del PRI, un partido curtido en marrullería; a toro pasado nadie podrá disolver las dudas acerca de si aquello de las famosas “corrientes” no fue sino una estrategia solo para despertar expectación y ya de paso servir de distractor. ¿Habrá sido muy difícil “planchar” a Ivonne Ortega, a Ulises Ruiz y demás “corrientes”? Todo se reduce a magnificar el control de Peña Nieto sobre el PRI, cuyo “prestigio” le otorga el “derecho” a decidir quién será el candidato que disputará la oportunidad de sucederlo. Esa especulación es válida, no porque necesariamente se ajuste a la realidad sino porque las argucias de todo tipo ayudan, sirven, y si provienen de ese almácigo de mañas con mayor razón.