El PRI ha navegado por toda clase de ideologías, desde su nacimiento como atemperador político de las revueltas de sangre y aguardiente de las primeras décadas del siglo pasado, hasta sus recomposiciones como partido social demócrata, liberalista social, centrista, de izquierda, de derecha, neoliberal o cualquier etiqueta que le pongan los estudiosos, pero lo cierto es que ha tenido una capacidad de supervivencia admirable para ir sorteando los cambios políticos en el mundo.

Parece que esta vez no es la excepción, con la apertura de los dichosos candados para que ciudadanos simpatizantes puedan contender a puestos de elección popular incluida la Presidencia de la República. Como quien dice, el PRI “se ciudadaniza”, a tono con la inercia que viene siguiendo el país.

Y esto que podría garantizarle la supervivencia, puede ser también su acabose. Lo primero que será atractivo ver, es si su estructura de cuadros permite ser avasallada por personajes ajenos al “servicio profesional de carrera” del PRI. Y si logran impulsar candidatos ciudadanos, si lograrán en estos un nivel de lealtad que garantice la trascendencia del partido con su ideología, estructuras e historia a cuestas.

Tan acostumbrados estamos a la impostura del priismo, que a veces da la impresión de que esta nueva apertura es una chicana más con efecto mediático, y no una transformación real donde la competencia vaya a ser legítima.