Ya inició la XXII Asamblea Nacional del PRI, y sea por inercia o ya porque este partido todavía levanta olas a pesar de la crisis existencial en que se debate, el mundillo político nacional está atento a ese debate al interior de una Organización Política que lucha por permanecer competitiva. Uno de los temas más sustantivos de esta Asamblea se refiere a los llamados candados, que son elementos estatutarios establecidos para favorecer a unos y complicarles el paso a otros. En el primer día se acordó la desaparición de esas restricciones que pudieran abonarle el camino a un “externo”; sin duda, esos “candados” reflejaban un anacronismo, como camisa de fuerza para un partido cuya prioridad radica en abrirse a la sociedad, caminar con ella, mensajearle que realmente desea un cambio y que no es rehén de una nomenklatura cuyo único designio es conservar el poder para usufructo de unos cuantos.