Informe Rojo
Por Mussio Cárdenas
15 de agosto de 2017
* Representa el peñanietismo  * El PRI quita candados para que sea candidato  * Arrastrará a Pepe Yunes  * Sin estructuras en Veracruz  * Agresión policíaca a Verónica Huerta  * La reportera cubría protesta ciudadana  * La concuña incómoda de Yunes  * Muertos, heridos, levantados en Coatza  * Grúas Vázquez guarda vehículos robados  * Magistrado en licitación fraudulenta

Meade no ve ni siente al México real, ni al pobre ni al olvidado, al que apenas tiene para vivir, aquel que perdió hasta las ganas de protestar, aquel que si no muere de hambre, le arrebata la vida una enfermedad. A ese México que no siente, quiere Meade gobernar.

Allá, en las élites políticas, no se mide el repudio social. Allá no se mide la intensidad del hartazgo ni cómo se fue incubando el rencor.

Allá, en el México real, sólo se la viven pensando cómo y cuándo se las van a pagar.

Es José Antonio Meade Kuribreña el delfín del presidente. Lo hace canciller y de ahí a Desarrollo Social y a la fuente de riqueza que es la Secretaría de Hacienda. Y elimina los candados que impedirían que el PRI lo pudiera postular.

Y ya está, que sea el sucesor.

Sin militancia real en el PRI, Meade no acreditaba el requisito de 10 años afiliado como mínimo para ser candidato presidencial. Enrique Peña Nieto lo arregló con un tronido de dedos: eliminar la prohibición contenida en el artículo 166 fracción X, como resolvió la Asamblea Nacional priista, el sábado 12.

Así, Meade va por una candidatura que de entrada es un fiasco, enfrentando al líder de la izquierda, Andrés Manuel López Obrador, que desde su partido, Movimiento de Regeneración Nacional lo va a destrozar.

Meade representa la opulencia y la clase gobernante, el drink y la cúpula de oro, la mafia en el poder y las políticas que han llevado a México a niveles de desigualdad sin precedente, con 50 millones de pobres.

Es alfil del peñismo voraz, el que diseña reformas estructurales, no para lograr desarrollo y mejores condiciones de vida, sino para destroncar sindicatos y vender la riqueza nacional.

Con Peña Nieto hubo reforma fiscal, energética, educativa, laboral, y México va peor.

Meade es ficha del peñismo, del régimen marcado por la corrupción, de la Casa Blanca que evidenció que al presidente le dan sus moches en especie, con mansiones que insultan a la masa de los pobres, que —decía la esposa de EPN, Angélica Rivera— pondría a venta para acallar las críticas. Y la residencia sigue ahí. La mentira también es lo suyo.

Meade es una pieza del gobierno peñista, incapaz de articular acciones para enfrentar el reto migratorio, las amenazas de Donald Trump, siquiera con una gota de dignidad.

Meade es miembro del gobierno que no habla con la verdad, que oculta el destino de los 43 normalistas de Ayotzinapa, la droga y la mano militar, que vende una mentira histórica que a la postre nadie le quiere comprar.

A ese régimen pertenece Meade, al del caos social y la violencia que cada día reclama más vidas, permeando la narcopolítica por todos los poros del país, dejando a los cárteles actuar, modificando leyes a su favor, instaurando un nuevo sistema penal a modo, con sus diputados, con sus senadores, con sus gobernadores, con sus alcaldes, con jueces, magistrados y ministros que viendo el desastre legal deciden callar.

Pasó mister Meade por Sedesol. Ahí están los programas sociales, los millones que se dilapidan en dádivas para mantener familias sin moverlos al trabajo, sin constituir empresas, con Progresa y 65 y Más, con los pisos y los techos firmes, conformando el ejército de pobres que van saliendo del control político.

Meade representa al jet-set político y López Obrador al México de los pobres, así tenga a su lado salinistas y panistas impresentables a los que el dios Peje ya perdonó, así sea terco e intolerante, así se haya agotado la reserva de ideas y su discurso huela ya a viejo y gastado, a un simple pleito por el poder, la mafia en el poder que sutilmente ahora se vuelve morenista. Como sea, los votos de los pobres van a contar.

Meade es pieza de las élites, formado en el Instituto Tecnológico Autónomo de México (ITAM), la cantera de los grandes capitales para ejercer el poder. AMLO es el populismo que marea y enardece a los olvidados, que los mueve a su antojo, que le creen su dicho de que con él los pobres gobernarán.

Por Meade votarán los ricos, que son unos cuantos, y por AMLO los pobres, que son millones.

Aún si fuera postulado por el frente amplio PRI-PAN-PRD y anexas para la elección presidencial de 2018, el Peje lo va a destrozar.

Aún si la suma del voto duro el PAN y del PRI se uniera, la sombra del peñismo en Meade fortalece a López Obrador.

Sobre Meade, el presidenciable, se ha dicho todo. Que si el requisito de la militancia de 10 años le impediría ser postulado. Que si las corrientes priistas no lo dejarían pasar.

De sus nulas posibilidades de ser candidato presidencial, escribía la periodista Martha Anaya, el 24 de julio de 2015, en el portal 24 Horas, sin advertir que el PRI se ajustaría al tamaño de Meade:

“Es aquí cuando surge el nombre de José Antonio Meade Kuribreña, actual secretario de Relaciones Exteriores y ex titular de Hacienda (con Felipe Calderón). Las menciones vienen acompañadas de algunas de las cualidades del personaje —sencillo, educado, inteligente— y de algunos otros detalles relacionados con el poder: como el que muchos asuntos de otras secretarías están pasando por sus oficinas, sea para definir soluciones o para dar el visto bueno.

“En su equipo han notado la confianza, las deferencias y la importancia que desde Los Pinos —y por parte del propio Videgaray— se le está dando a Meade. Tanto que ellos mismos lo están viendo (y perfilando ya) como presidenciable”.

Y cuestionaba Martha Anaya su condición de priista o no.

“¿ESTÁ AFILIADO AL PRI?- Las elucubraciones de estos políticos, a los que poco les falta para ver a Meade con la banda presidencial al pecho, se han topado con algunos descolones de parte de priistas bien colmilludos.

“El primero suena a sopapo: ¿De veras creen que Meade podría ganar una elección? ¡Imagínenlo en campaña frente a (Rafael) Moreno Valle o frente a (Andrés Manuel) López Obrador! No tiene la menor posibilidad.

“El segundo lleva veneno. Inicia con una pregunta mordaz:

“—¿Y de qué partido (sería Meade candidato)?

“—Pues del PRI…—, responde el interlocutor.

“—Pero si no es priista—, refuta el viejo político.

“A renglón seguido manda buscar los estatutos del partido. Da con el Artículo 166 fracción X. Lee con todas sus letras: (…) para ser candidato a gobernador, presidente y jefe de Gobierno se requieren 10 años de militancia.

“Otro priista de antaño, de la época de Augusto Gómez Villanueva, mencionó entonces algo que clavó la duda en la mesa. Contó que en una ocasión escuchó a Meade confesar que él era priista. Y esto, siendo secretario de Hacienda en el sexenio de Felipe Calderón.

“¿Tiene Meade credencial del PRI? ¿Alguien la ha visto?

“Ninguno pudo asegurarlo”.

Peña Nieto le corrigió el escenario. Acomodó los estatutos del PRI, vía la Asamblea Nacional, para retirar el candado de la militancia y el cargo público para ser candidato presidencial.

Dicen los priistas que eso es leer la realidad nacional, actualizar al PRI, abrir al tricolor a la posibilidad de postular un candidato ciudadano o no militante.

No, eso es la sumisión de los priistas y la dignidad perdida. Es la confección de un traje a la medida de Meade. Es el molde para que el sucesor sea también el encubridor de los yerros de Peña Nieto.

Hasta ahí, es válido. Es el juego de Peña Nieto, como en su momento lo hicieron otros presidentes. Y es la naturaleza del priista dejarse planchar, aletear y aterrizar, negociar e hincar la rodilla. Se hace en el priismo lo que el presidente impone. Es sus ritual.

Meade tiene ya el camino libre. Lo secundarán los priistas que quedan, regateando espacios, senadurías y diputaciones, las cuotas de poder.

Pero de ahí a ganar la elección presidencial, hay un mundo.

Meade es políticamente débil, con el fierro de un gobierno impopular, que desdeñó el reclamo popular, la exigencia de mejores condiciones de vida, de los pobres que aspiran al desarrollo y a vivir con dignidad.

Veracruz es otro eslabón del caos. Aquí comienza a mandar Pepe Yunes —José Francisco Yunes Zorrilla— para alinear al priismo en torno a Meade.

Será el candidato que aspiró a gobernador cuando ya no había condiciones para ganar.

Gris, apocado, Pepe Yunes tiene la derrota asegurada, para sí y para Meade.

Aspira a ser gobernador cuando los priistas andan a la greña y en pleno éxodo.

Unos van al PAN y otros a Morena. Unos se vinculan con el gobernador panista Miguel Ángel Yunes Linares, y otros ven en Morena el futuro del país.

Pepe Yunes no lee el drama tricolor, la estampida del priismo que en otros partidos ve mejores posibilidades de triunfo.

Yunes azul pacta con el priismo, así sean fidelistas o duartistas, y los inscribe en su proyecto de poder, llevando a su hijo, Miguel Ángel Yunes Márquez, a la candidatura panista para imponerlo como sucesor.

Morena comienza a definir su ruta al poder. Va con candidatos propios o con aspirantes externos, sea Dante Delgado Rannauro, sea el diputado federal Cuitláhuac García, sea el priista Ricardo Ahued, quizá el mejor alcalde que haya tenido Xalapa, sin olvidar que en sus días de diputado local le aprobó caprichos a Javier Duarte. Y con Ahued va el gremio de los empresarios.

Nada le va quedando a Pepe Yunes. Cuando llegue la hora de contender, se quedará con el senador Héctor Yunes Landa —“Javier Duarte es mi jefe político”— y las huestes de César del Ángel Fuentes —los 400 gángsters—. Y nadie más porque ay de aquel que le apuesta al perdedor.

Y mientras, a Meade lo destrozará el Peje.

Archivo muerto

Dos, tres veces dijo Verónica Huerta que era periodista. Y un par de veces, en el forcejeo, el celular con el que graba fue al suelo. “Qué madres que seas periodista”, le respondió la mujer policía de identidad oculta, embozada, con casco y lentes negros. Y la reportera de AVC no cejaba en su labor. Cubría Verónica Huerta la protesta de los habitantes de Casitas, municipio de Tecolutla, bloqueando los habitantes la carretera Nautla-Poza Rica por falta de energía eléctrica y los daños ocasionados por el paso del huracán Franklin. Arribó la policía, intentó disuadir a las manifestantes, unas 30 mujeres en su mayoría, y se escuchó su argumento: “llevamos cuatro días sin luz, padeciendo moscos y calor. Sólo queremos que recolecten la energía”. Luego vino el desalojo, y entre el forcejeo un policía encara a Verónica Huerta e intenta arrebatarle su teléfono móvil. El aparato cae al suelo. Sigue la trifulca y ahora es una mujer policía. La toma de los brazo, la empuja, cae e nuevo el celular, que es recogido por las manifestantes, quienes la acuerpan y la protegen. Días atrás, siete reporteros fueron detenidos y llevados a la cárcel en Veracruz. Les imputaron que escandalizaban en la vía pública. Y ahí permanecieron horas. Salieron porque no había delito alguno, porque el encargado del operativo los confundió con motociclistas que suelen llegar al lugar y causar desmanes. Javier Duarte en los días en que desgobernaba a Veracruz, llamó a la prensa “manzanas podridas” y auguró días peores, días de violencia, días de agresión. Y así ocurrió. Hoy es igual o peor. Nada dice el yunismo, si acaso el gobernador Miguel Ángel Yunes sostiene que a Verónica Huerta nadie la agredió. Protestan organizaciones de periodistas y compañeros de Verónica Huerta. “La Red Veracruzana de Periodistas exige a la SSP y al Gobierno del Estado que se detengan las agresiones contra los periodistas, ya que no es la primera vez —durante el actual gobierno de Miguel Ángel Yunes Linares— que los policías estatales atentan contra el derecho a la libertad de expresión y mantienen la dinámica de impedir el libre ejercicio periodístico”. Y acusa que los policías agresores no pueden ser identificados por llevar el rostro cubierto y en sus uniformes no tenían impreso su nombre… Sin otro mérito que un fracaso, y otro, y otro, Isabel Wong ya se ve en el Congreso. Se ve ahí la concuña del gobernador Miguel Ángel Yunes Linares, como si ganar una elección o tener los votos para una plurinominal, fuera cosa de necedad y capricho. No arregla nada la lideresa del PAN en Minatitlán, ni los temas del agua, el abasto y la calidad, lo que siendo directora de la oficina local de la Comisión del Aguas del Estado de Veracruz es su responsabilidad. Peor es el escenario del PAN, acumulando derrotas, la de la diputación federal, la de la diputación local, la de gobernador, la de alcalde, atomizados los grupos panistas, pues Isabel Wong sólo traía en mente enchufarse ella y enchufar a sus cercanos en la ubre presupuestal. Y de paso, si los incondicionales tienen propiedades, que le renten inmuebles al gobierno del concuño Yunes. O sea, negocio familiar a partir de que llegan al poder, pregonando que las trastadas del duartismo no se volverían a repetir. Ya se ve que no sólo Felicitas Alcántara, la defenestrada ex delegada de Sedesol estatal en Mina, le metía la mano al cajón… Una empleada de Cinemex cae, tocada por una bala perdida. Un agente consignatario de barcos es plagiado en su hogar y devuelto horas después. Una mujer sufre un levantón, mientras su esposo se tira a matar con los plagiarios. Un hombre es secuestrado en la colonia Petrolera. Un joven de 24 años es perseguido, deja el auto, se interna una unidad deportiva; muere alcanzado por los sicarios que le vacían sus armas. Transcurren horas entre uno y otros casos. Es la violencia que golpea a Coatzacoalcos. Y de ahí el patrullaje intenso, el sobrevuelo de helicópteros, los operativos que intentan dar con las células del crimen organizado. A veces le dan, a veces no. Ya ocurrió el golpe a la banda del Comandante H, alias Hernán Martínez Zavaleta, desmantelada la pandilla que perpetraba la mayoría de los secuestros, arrojando luz sobre las actividades del líder zeta, y de otros personajes más que orbitaban en torno al H. Fuera de eso, la violencia sigue siendo un flagelo mientras Coatzacoalcos se debate entre el miedo y la sangre… Grúas Vázquez aloja vehículos robados y nada pasa. Un trailer con varilla fue asaltado entre Nuevo Teapa y el puente Antonio Dovalí, el Coatzacoalcos II. Su propietario, Enrique Rodríguez, lo ubicó vía GPS en el corralón de la empresa de grúas. Ahí estaba la cabina, no el remolque ni la varilla, que suman en costo un millón de pesos. Enteró a la Fiscalía en Nanchital y oficialmente no les dieron parte. Lo mismo Tránsito federal, ni estatal, ni el Mando Único Policial. Grúas Vázquez tampoco explica cómo llegó el vehículo robado ahí, o quien se lo dejó a guardar, o alguien suele usar el corralón como zona vedada para la justicia. Ocho días después, el tractocamión sigue en Grúas Vázquez, sin que la Fiscalía Regional mueva un dedo. ¿Qué zeta lo robó y lo llevó ahí? ¿Qué fiscal lo sabe y encubre al zeta? Y luego no quieren en el yunismo que el pueblo piense que todo es igual que en el duartismo… ¿Quién es ese magistrado, pillado en una licitación amañada, involucrados los hijos y un allegado de confianza, por una obra que, la verdad, ni valía la pena? Una obra y tres invitados. Y tenían que ser el padre, el hijo y el abogado. Sí la nada santísima trinidad. A eso, señor magistrado, se le llama fraude y es delito federal…

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