Quizás por el enorme caudal de pruebas en su contra, Javier Duarte está acondicionando su estrategia para ser declarado mentalmente no apto y que lo deriven a una institución para enfermos mentales. No se encuentra otra explicación a su intensa producción epistolar cuyo contenido borda en inequívocas expresiones alejadas de la realidad; ¿qué otra opinión induce eso de que sus ex colaboradores son “Rehenes políticos del dictador Yunes” cuando sus culpas están al descubierto? Otra explicación coincidiría en que solo es una terapia ocupacional, aunque debe suponerse que muy cara, salvo que la atención que Gómez Leyva le tributa sea porque es buen samaritano. De cualquier manera, alguien de sus cercanos debiera recordarle a Duarte que en un centro de salud mental conocería los renglones torcidos de Dios.