Desde el Café
Bernardo Gutiérrez Parra

Sin duda la noticia de mediados de quincena fue el anuncio que hiciera Javier Duarte sobre su huelga de hambre. El jueves de la semana anterior este gordito simpático y con manifiestas alteraciones mentales, decidió quitarse de encima algo de los 118 kilos que se carga y someterse a un estricto régimen a base de agua, té y miel de abeja.

El anuncio lo hizo mediante una carta que leyó en su noticiero el periodista Ciro Gómez Leyva.

¿El motivo de la huelga? Las marranadas que han sufrido tanto él como sus ex colaboradores de parte de Miguel Ángel Yunes Linares.

Pobre gordo, no cabe duda que es un incomprendido. Una víctima de 8 millones de veracruzanos a quienes causa morboso placer verlo encerrado sin más compañía que su soledad porque, “a diferencia de lo que se ha publicado en algunos medios de comunicación NO cuento con ningún lujo, vamos, no tengo ningún aparato electrónico”.

Pobre gordo, acostumbrado a tragar como lo hace, a ver si no sufre un colapso nervioso-paranoico-digestivo que lo mande al otro mundo y entonces con qué carambas nos vamos a entretener.

La misiva es una mediocre oda al cinismo y la desvergüenza: “Esta decisión la tomo con la finalidad de que se detenga la persecución política y la cacería de brujas que existe en mi contra y en contra de mis ex colaboradores que se encuentran privados de su libertad arbitrariamente… con el objeto de presionarlos para que declaren en contra mía y para crear una cortina de humo que distraiga a la sociedad del desastre de gobierno que existe actualmente en el estado de Veracruz.

“Mi solidaridad está con Arturo (Bermúdez Zurita), Gina (Domínguez Colío), Mauricio (Audirac Murillo) y Francisco, estoy consciente del infierno por el que están pasando, son presos políticos víctimas de la desesperación de un mandatario que no tiene nada que ofrecerle a la sociedad a la que sirve salvo el circo que ha montado en mi contra en Veracruz”.

Nótese cómo emplea la palabra “arbitrariamente” para remarcar que el cuarteto no está entambado por haber robado y malversado fondos públicos como piensa la raza jarocha, sino porque son víctimas de un sujeto tan inescrupuloso como el mismo Javier. Y además son presos políticos, es decir, están en Pacho Viejo porque sus ideas suponen una amenaza para el sistema político establecido.

Pero el párrafo que no tiene desperdicio es el último “Creo en las instituciones, a lo largo de mi vida profesional y política he dedicado mi tiempo y concentración en fortalecerlas, es por ello que estoy seguro que al final, este montaje creado para distraer a la sociedad veracruzana de los temas que en verdad interesan y permiten su desarrollo, se caerá y prevalecerá la justicia”.

Y es que sí, lector; con excepción de los seis años que se pasó pegándole en la madre a Veracruz, hay evidencias de que Javier Duarte ha dedicado su tiempo y concentración a fortalecer las instituciones en la zona más inhóspita del Casquete Polar Ártico y en la Antártida.

Y el remate es una chulada: “La verdad nos hará libres”.

Contra lo que pudiera suponerse, la misiva no tuvo el reconocimiento ni causó la conmiseración que esperaba el gordo. Por el contrario, se puso de a pechito para que la veracruzanada le tupiera con todo. Le dijeron hasta de lo que se va a morir.

Y los epítetos en redes sociales… pasumecha; qué grueso estuvo el vómito.

A reserva de recibir una andanada más o menos igual, mi solidaridad está contigo Javier y con el último párrafo de tu misiva.

Yo también como tu creo en las instituciones y estoy seguro que al final de este montaje saldrá a relucir la verdad que nos hará libres.

Y quiero pensar que esas instituciones y esa verdad te condenarán a prisión por el resto de tus días en una buhardilla que rentarás a precio de hotel de lujo. Donde quizá tengas algunas comodidades de las que puede comprar el dinero, pero donde vivirás (es un decir) anhelando día con día lo más preciado que tiene el ser humano: su libertad.

bernardogup@nullhotmail.com