Por muchas razones, entre otras el de la Seguridad Pública, urge concluya en buenos términos el Programa de Reordenamiento del Transporte Público que implementa el Gobierno del Estado, porque para nadie es un secreto que, junto con motocicletas, no pocos son utilizados para el servicio de halconeo cometer delitos de alto impacto; bastaría con asomarse a la Central de Autobuses de Xalapa para comprobar la anarquía que provocan. Sin embargo, debe reconocerse que es un gremio golpeado por la crisis y la inseguridad, que su acrecentado número recrudece la competencia y reduce sus ingresos. Pero si a ese ingrediente se agrega el de obligarlos a pintar de azul o amarillo sus unidades, entonces resulta un atentado contra su economía y nada debe obligarlos a contribuir con filias o fobias políticas. Eso no es cambio, es retroceso.