Línea Caliente
Por Edgar Hernández*
24 de agosto de 2017

El asesinato del  periodista Cándido Ríos, “Pabuche” ahonda diferencias en el gremio y sea por dinero o defensa al “buen gobierno” de Miguel Ángel Yunes contra el mal gobierno de Javier Duarte, el caso es que una vez más se confirma que perro si come perro.

En debate repetido y ya muy manido se sigue hablando de periodistas Duartistas y Yunistas; de los chayotes que corren por abajo en favor de uno y de otro y de convenios embozados cuando el hecho real e incontrovertible es que en el solar veracruzano hay un periodista más tendido víctima de las redes del poder.

Para cierta prensa, la miguelista, es inadmisible se le exija que actúe y responda ante tal escalada remitiendo la polémica a que toda acción pública negativa se debe a que no hay “convenios” con los medios.

Como si la exigencia de paz social y seguridad respondiera a los convenios o que en último de los casos realmente éstos beneficiaran a los reporteros, fotógrafos, moneros, articulistas y columnistas.

Se pasa por alto que el reclamo de siempre de los verdaderos trabajadores de la información ha sido por contar con un salario mínimo profesional, un seguro de vida, el derecho a la atención médica, vivienda y jubilación y que sean bien pagados.

Que comunicadores y moderadores de la opinión pública reciban un emolumento y no escriban para un sinfín de medios o para un político que los gratifique para sacar adelante sus gastos.

No se acaba de entender que los convenios, cuando los hay, son con editores, con los dueños de cadenas radiales, televisoras, con los mandamás de acreditadas redes sociales y eso solo con algunos y muy a la sordina fin de que los mil 200 restantes que detentan algún portal, revista u hoja volante no se den cuenta de que hay dinero corriendo para hablar bien de un mal gobierno.

Por ello el real cuestionamiento es entender si un convenio es para hablar bien o para amordazar a la prensa.

La respuesta es que tal vez sí, tal vez no.

Y es que hoy una prensa nueva e independiente ha surcado el horizonte jarocho. Ha irrumpido en el escenario político moderando en buena medida a la opinión pública.

La herramienta de las redes se ha convertido en algo más poderoso que el papel periódico, que si bien no extinguirá a la prensa tradicional si necesitará de esa arma para complementarse.

Hoy a cualquier hora del día y de un ramalazo te leen diez mil, cincuenta mil, cien mil en Veracruz, en México, en el extranjero.

Por ello resulta por demás necio enterarse de ataques de papel entre periodistas a la vieja usanza tratando de defender lo indefendible, de confundir a la opinión pública con justificaciones injustificables mismas que vienen a cuento tras el asesinato del “Pabuche”, así como la responsabilidad que todo gobierno tiene de manera directa e indirecta.

Quienes exigimos justicia y alto a la masacre a periodistas lo hacemos en razón de no saber si seremos los siguientes en la lista ante el estado de indefensión en que vivimos, particularmente quienes nos dedicamos a tan riesgosa profesión en Veracruz.

Lo hacemos no por señalar como culpable a Miguel Ángel Yunes Linares del crimen, eso es una idiotez, sino por la ausencia de diálogo, de medidas de protección, de un acuerdo social –como dice el acreditado periodista Antonio Flores- que no es lo mismo que un convenio entre la prensa y el poder.

Pequeños muy pequeños se observan quienes denuestan a quienes no estamos en el caravaneo o tenemos la osadía de cuestionar las fracasadas políticas públicas del actual gobierno.

Hay incluso por ahí alguno, referido a mis espacios de opinión que escribe en Notiver en lenguaje ininteligible que carezco de la calidad moral y profesional por ser un Duartista de hueso colorado y ser un sedicente “Premio Nacional de Periodismo”.

De manera repetida me alude como “plumífero rojo” haciendo referencia que fui apologista de Javier Duarte cuando su gobierno y que por encargo ahora arremeto contra Yunes Linares.

¡Aplausos!

Allá él y su verdad.

He publicado en repetidas ocasiones de años atrás que fuimos no más de cinco –entre ellos Mussio, Aurelio y Claudia- quienes prácticamente desde el arranque de la administración duartista pusimos en tela de juicio su mal gobierno sufriendo como consecuencia serios atropellos, asalto a nuestras viviendas, el despido de nuestros familiares legítimamente empleados en el gobierno de años atrás, acosos telefónicos, persecuciones y aislamientos de toda índole…

Y perdón por referirme en primera persona, pero no soy sedicente Premio Nacional de Periodismo, tal como asegura quien pretende ofenderme, quienes me dicen y me lo impusieron fueron aquellos de mi gremio y autoridades nacionales e internacionales quienes reconocieron mi trabajo de seis años como corresponsal de guerra y 43 de periodista.

Recién he recibido la “Orden Rubén Darío”, máximo galardón que entrega el gobierno de Nicaragua a un ciudadano por mi contribución iconográfica y periodística en favor de la Revolución sandinista mas no por lo que he escrito en favor de Javier Duarte, ¡por Dios!

Creo que la libertad de expresión no está sujeta a convenios, ni admoniciones de los comeperro como es otro caso, el del -este sí- sedicente periodista Sergio González Levet, ex empleado de Duarte, un cobarde que se escuda en su prosa barata para ofenderme sin dar la cara, para cobrar a nombre de sus compañeros para mantener en Europa a sus vástagos que ¡Si merecen abundancia!.. Pero este será un tema del que me ocupe en otro momento.

El punto es la muerte de “Pabuche” y la responsabilidad oficial, el silencio oficial y el desdén de cierta prensa.

Imposible tapar el sol con un dedo cuando la prensa estatal, nacional e internacional siguen con sus ocho columnas la escalada de crímenes a mansalva contra los periodistas en Veracruz.

“No iban por el periodista”, dice de manera por demás tonta el tonto del subsecretario de Gobernación, Roberto Campa. Noruega y Suiza condenan el asesinato del periodista veracruzano. “Europa llora a Pabuche”, titula Notisur. “Nuestras armas disparan verdades”, fue lo último que escribió el periodista asesinado. “Justicia, justica”, reclaman los familiares. La embajada americana a través de Roberta Jacobson clama: “Respetemos la libertad de prensa”. Margarita Zavala grita ¡Alto a la violencia! Marchas de periodistas en la ciudad de México y diferentes sedes de la entidad gritan ¡Justicia! Y ¡Alto a la barbarie en Veracruz! “Indignación y condena internacional”, dice en la principal Notiver.

¿Así o más titulares?

Ese es el tema, no andar defendiendo al gobernador Miguel Ángel Yunes dando periodicazos a “plumíferos rojos”.

Lo de Pabuche es algo más que  un convenio o un chayotazo. Es tu vida y la mía que en Veracruz penden de un hilo.

Tiempo al tiempo.

 

*Premio Nacional de Periodismo