La política exterior adoptada por México en el caso de Venezuela es beligerante, activa, encontrada definitivamente con el gobierno de Nicolás Maduro. Esa actitud concita atención y sugiere la pregunta acerca de si el fin último de esa postura es en “favor de la democracia y de las instituciones democráticamente electas en Venezuela”, como asegura Luis Videgaray, o guarda subrepticio significado respecto de la elección presidencial mexicana en 2018- Es decir, preparar la conciencia colectiva para la estrategia de campaña a utilizar cuando se hable de algo parecido al “peligro para México”. Como puede que sí, puede que no.