Ahora resulta que Mauricio Audirac es una inocente palomita que se dejó engañar por Javier Duarte de Ochoa, por cuya corrupción él se encuentra encarcelado; lo grave de este cómico pero indignante entreverado epistolar, cuyo contenido no vale el papel en que está inscrito, es que la Fiscalía estatal permitiera rebajarle el tiempo de condena a quienes como Audirac son reos de toda culpa señalada.  A cambio, la ciudadanía veracruzana que sufrió el agravio de sus tropelías, y por extensión la de todo México, toma conciencia y madura sobre la mediocridad, la bajuna calidad de buena parte de la clase política que vive a costa del presupuesto.