En el caso de Rafael Márquez, como en casi todos los casos, quienes gobiernan se encuentran a fuego cruzado, pues por todos lados llueve metralla cuya medida la proporciona el criterio de los comunicadores sobre cómo lleva los asuntos públicos la administración en turno. Así, por caso, hay quienes se solidarizan con Márquez y critican al gobierno por colaborar con las investigaciones en vez de ponerse al lado del futbolista; otros, juzgan que el gobierno debió estar enterado del asunto y nada hizo para evitarlo. En el caso de Lozoya Austin, unos ya lo condenaron, otros que la PGR debió llamarlo hace tiempo a declarar. Todo cabe en la libertad de expresión, cada quien es libre de manifestar su opinión sin cortapisa alguna, así es la democracia; dependerá del receptor de esos criterios adoptar el que coincida con su forma de pensar. Qué aburrido si todos pensáramos igual.