Cuando el diputado Sergio Rodríguez despertó encontró una realidad nada parecida a sus sueños en los que imaginaba colaborar con el “generoso” y condescendiente Duarte de Ochoa sacándole cuantas solicitudes le planteaba; antes de despertar se veía como diputado presidente de una Comisión a la que necesariamente acudían alcaldes de todos los colores a solicitar ampliaciones y transferencias presupuestales y él, como gran dador, $acaba jugo a sus anuencias, por supuesto, también soñaba que ser diputado era algo parecido a una divina garza. Pero el despertar, aún con sopor, encuentra que ya no preside la rentable Comisión, que ya Duarte de Ochoa no es el gobernador y que tiene que mandar mensajes aclarando que no gestionó el nombramiento de su esposa como delegada de la Secretaría de Educación en Orizaba pro que “nuestra intención es no tener problemas y si ellos quieren la renuncia se la vamos a entregar mi esposa sin ningún problema.” Malo cuando los sueños se convierten en pesadilla.