ENTRE EL “YA MERITO” Y TOPAR CON PARED

Por Juan José Llanes del Ángel

“Cerca”, fue el adverbio que utilizó el funcionario de la Fiscalía General del Estado que atendió, este martes primero de agosto, a los jubilados y pensionados, para ubicar el momento en el que se produciría la determinación en la carpeta de investigación iniciada con motivo de la denuncia que se presentó hace exactamente un año, en contra de los integrantes del Consejo Directivo del Instituto de Pensiones del Estado.

“El momento de la determinación está cerca”, dijo literalmente un Fiscal (no el General), cuando se le cuestionó por qué luego de un año de investigaciones, y siendo evidente el saqueo del IPE, nadie está en la cárcel. “Cerca”, dijo, pero tengo la sospecha de que los miembros de la comisión de jubilados que entró a la Fiscalía, no le creyeron mucho. Al menos yo no le creí.

Hoy se movilizaron de nuevo los pensionados. Marcharon del IPE, epicentro del desfalco a sus aportaciones, a la Fiscalía General del Estado, para ver si no es ésta el epicentro de la impunidad y la justicia selectiva. Total, mata más la duda que el desengaño.

Llegaron al mediodía, caminando rapidito los que podían, despacito los demás. Pidieron hablar con el Fiscal General del Estado. “No está”, fue la seca respuesta en la puerta. Al rato, otros funcionarios intentaron dar una explicación más plausible: que Winckler andaba ocupado viendo el tema de Xóchitl “N”. Así les dijeron, pero no calibraron que los jubilados son de mecha corta y reprodujeron en el micrófono la excusa para que todos se enteraran. Se explica, entonces, la rechifla del respetable: consideran -con razón- que debiera el Fiscal estar más entretenido en ver cómo resuelve el tema del saqueo a Pensiones, que persiguiendo cortesanas.

La comisión de pensionados que ingresó al edificio de la Fiscalía fue recibida por funcionarios que esbozaron otra versión de la ausencia de su jefe: “el señor Fiscal anda en Veracruz”, y ni modo. Me acordé de aquello de “presencia o ausencia según conveniencia”

Ampolletas de agua Ciel para todos, el clima prendido, sillones acojinados. “¿En qué podemos servirles?”. “Ahorita les comentamos los avances”. “El señor Fiscal está muy pendiente”. “No podemos dar fechas pero el momento de la determinación está cerca”.

De acuerdo con la Fiscalía General del Estado, todavía no se localiza bien el dinero que salió del IPE, cómo se movió, a dónde fue a dar, para qué se utilizó. Se les expuso a los funcionarios que, con independencia de todo éso, lo que está demostrado es que hubo trasiego de pesos del IPE a Finanzas. Que se tocó -en pocas palabras- lo que no se debía tocar. El dinero de la Reserva Técnica tiene etiquetas. Ninguna de ellas es para “préstamos” al Poder Ejecutivo o “apoyos solidarios”. Qué bueno que se investigue si hubo peculado, pero ya está acreditado el abuso de autoridad, y el incumplimiento del deber legal. Mientras tanto, los mismos que legitimaron el saqueo del IPE, siguen en el IPE.

Y más todavía: irregularidades en el manejo del patrimonio inmobiliario del Instituto; la fantasmagórica empresa privada (de la que son socios el Gobierno y el IPE) para regentear los hoteles “Xalapa” y “Chachalacas”. ¿No basta? ¿Qué me dicen de la violación a Derechos Humanos por el retraso en el pago de pensiones y de los putazos que les metieron a los jubilados el 23 de diciembre de 2015? ¿Cómo vamos a quedar ahí? ¿Se van a ir en blanco?

Más claridosos no podían ser los jubilados y pensionados: la inacción huele a pacto de impunidad. Lo que sea, que truene. Si decide el gobierno declarar impolutos a los miembros del Consejo Directivo del IPE, que lo haga (“Ya, ya, ya”, decía una lona que llevaban hoy los jubilados), y que enfrente las consecuencias jurídicas, sociales, y políticas.

O que se honre el compromiso de hacer Justicia.