Contrario sensu que sus antecesores el Papa Francisco ha puesto el dedo en la purulenta llaga de la pederastia, un fenómeno ligado a muchos sacerdotes, sin insinuar que haya una correspondencia pero lamentablemente es destacable por la religión profesada. No es nuevo, pareciera ser una conducta inveterada, sin embargo al menos públicamente como lo manifiesta el Papa Francisco, ninguno se esforzó por castigar y, en su caso, expulsar a quienes han sido señalados por esa desviación; por el contrario, existen testimonios que demuestran su solapamiento. De allí el extraordinario gesto del actual líder de la Iglesia católica al pedir perdón a las víctimas de ese abuso sexual, de esa “monstruosidad absoluta” un “sacrificio diabólico”, así lo califica en el prefacio del libro “Lo perdono padre”, escrito por Daniel Pittet, una de las víctimas de un religioso. Escribe el Papa: “¿Cómo puede un sacerdote, al servicio de Cristo y de su Iglesia, llegar a provocar tanto mal? ¿Cómo puede haber consagrado su vida para conducir a los niños a Dios, y acabar, en cambio, devorándolos en eso que he llamado ´un sacrificio diabólico´, que destruye tanto a la víctima como la vida de la Iglesia?” Y lanzó una condena contra la jerarquía eclesiástica que ha ocultado esa práctica “diabólica”, y seguramente llegó hasta México en donde hay muchos destinatarios.