El diputado Rodrigo García se casará este sábado, muy su a gusto y voluntad si se considera que en la cultura occidental hasta ahora es casi obligación formalizar con un contrato las uniones para formar familia. Pero llama la atención el acentuado contraste entre una población que vive en pobreza extrema y el boato exhibido para el casorio; y esto último es lo que motiva la atención, lo otro es solo lugar común. A propósito de pobreza y del novio, quien en 1988 era un adolescente integrante de una familia de clase media, media, por asociación de ideas, viene a cuento el vertiginoso enriquecimiento de algunos colaboradores de Alemán Velasco, que en diciembre de 1998 tomaron posesión de su encargo y seis años después ya habían olvidado las penurias sufridas para pagar la renta de un modesto departamento. Suena a telenovela, pero es cosa de la vida real.