Una universidad cuya matrícula alcanza en solo cinco años 70 mil alumnos resulta un auténtico fenómeno en el ámbito educativo de cualquier país, más aún cuando carece de infraestructura adecuada, plantilla académica bien acreditada y sus ingresos son pírricos, pues cuenta con un aporte presupuestado del gobierno estatal de 20 millones de pesos al año, lo que comparado con la Universidad Veracruzana resulta una desproporción inaudita. Esta Universidad “pasa por una crisis de credibilidad, recursos y educación”, señala Lenin Torres Antonio, presidente de la Asociación Académica y Docente de la UPAV, quien afirma que tan sólo en un año, la Universidad perdió 40 mil alumnos, es decir “sólo” matricula 30 mil estudiantes. ¿A quién no despierta sospecha ese desmedido crecimiento de la UPAV? La otra interrogante, de mayor peso, es saber el tipo de profesionistas que entregan al mercado laboral de este país.