Muy contrariado, Mauricio Audirac Murillo prevé con razón la secuela de burla y chacoteo que genera la ridícula huelga de hambre iniciada por su ex jefe Javier Duarte de Ochoa a modo de “presión política”, según pretende el ex gobernador, aunque en realidad parezca una conducta patológica para mantenerse en el centro de los reflectores, como lo estuvo por 12 años.

Indignado, se deslinda de tal mecanismo peculiar de defensa y afirma que “A quien menos se lo pediría sería al Sr. Javier Duarte, quien es el culpable de que me encuentre preso, como consecuencia de su deshonestidad y de los robos que cometió en contra de los veracruzanos, afectándonos con sus malas decisiones a quienes tuvimos la desgracia de trabajar con él”.

Ahora, Mauricio ve como desgracia lo que antes fue un honor y un privilegio.

Pero haciendo a un lado el comentario obvio y superficial, es deseable que con estas experiencias ajenas, los políticos de todos calibres cambien por fin su oprobioso entreguismo, su lealtad perruna y fuera de toda dignidad hacia aquellos personajes que ostentan cargos de primer nivel.

Que vean las consecuencias de decirle siempre sí al jefe, aunque no tenga razón, como si fuera un Dios, porque eso trae la desgracia para ellos,que son voluntariamente sometidos, pero también para el pueblo.