CAMALEÓN

Se dice, y se dice bien, que la capacidad de asombro en el hombre es inagotable, pareciera que camina en círculos, de allí su iterativo desliz de tropezarse con la misma piedra, lo que explica muchos aconteceres. Los actuales son tiempos difíciles, no concebidos apenas tres lustros atrás en la imaginación del más pesimista de los veracruzanos y de los mexicanos en general: pobreza, corrupción, inseguridad, son apenas tres de los jinetes del apocalipsis que nos atosigan como sociedad y como seres humanos. En esa vorágine, en el caso de Veracruz, ¿ya habremos tocado fondo?

Si es acertado describir a un pesimista como un optimista bien enterado, entonces coincidiremos en que hace doce años hubiera sido temerario aún para el más pesimista dibujar un escenario como el Veracruz de hoy ¿quién hubiera supuesto la convivencia cotidiana con la noticia de secuestros, balaceras, fosas clandestinas, desaparecidos, de muertos por doquier al interior de una sociedad supuestamente pacífica? Antaño, en el coloquio diario se comentaba que al ver una patrulla policiaca de inmediato surgía un sentimiento de temor; ahora, esa impresión la ocasiona el abordar un taxi o escuchar por la espalda el sonido de una motocicleta. Ya es habitual en el paisaje urbano casas con advertencia de alambrado electrizado, con amenazantes anuncios de peligro para quien se atreva a robar a domicilio, con enrejado adicional a la puerta de entrada, son los síntomas de una sociedad temerosa, en crisis nerviosa, con calidad de vida deteriorada en grado sumo.

¿Cuál es el origen de esta situación, quién la propició, por qué lo permitimos? Quienes ya se enfilan a la cuarentena de años nacieron cuando en México se comentaba el dramático caso de Colombia, bajo el dominio de los cárteles de la droga; entonces utilizábamos el “colombizar” para referirnos al peligro de contagiarnos de aquella cruenta confrontación entre gobierno y la delincuencia organizada. Pero poco a poco empezamos a “colombizarnos”, y desde Veracruz comentábamos las balaceras en calles de Guadalajara, de Culiacán, Tijuana y Matamoros, fueron las décadas de los ochenta y noventa del siglo pasado.

El presidente Zedillo reformó el artículo 21 constitucional para otorgar rango de función de estado a la Seguridad Pública, veía venir el problema. Por el lado político, Miguel Alemán Velasco fue candidato del PRI en 1998, porque ese partido no arriesgó el triunfo, el PRD vivía sus años de gloria y representaba una fuerte competencia, por eso el PRI acudió a un nombre de gratos recuerdos para los veracruzanos, “negoció” con la cúpula perredista para no postular a Morales Lechuga y obtuvo un triunfo sin problema post electoral. Hasta allí íbamos bien.

Alemán gobernó cuatro años combinando políticas de seguridad pública con el gobierno federal ya encabezado por Vicente Fox, hubo coordinación de esfuerzos, se construyeron penales de alta seguridad, se instalaron estratégicamente en la entidad Centros de Coordinación y Control (C4) Xalapa, Martínez de la Torre, Huatusco, San Andrés Tuxtla, Minatitlán, etc. Para capacitar elementos judiciales y policiales se construyeron la Academia Regional y la estatal en Xalapa; se colocaron cámaras de vigilancia urbana en Xalapa y Veracruz, pero con el cambio de gobierno en 2004 ese esfuerzo se malogró.

Acaso no fue lo peor. Incursionaríamos en la especulación si intentáramos abordar el tema sobre la presunta actitud colaboracionista de Fidel Herrera con las células del crimen, acometerlo sin elementos de información cierta sería irresponsable. A lo que sí es posible aludir, porque es hecho registrado, es al crecimiento exponencial de los delitos de alto impacto en Veracruz durante el sexenio 2004-2010 y su subrayado continuismo en el gobierno duartista 2010-2016. Villarín sirve de parteaguas, el “mejor paga” en respuesta a la petición de auxilio extendido a familiares de secuestrados o víctimas de la extorsión, son elementos de juicio inobjetables que sirven para conocer una de las raíces de la inseguridad pública en nuestra entidad. Simplemente “lo mejor” nunca llegó.

 Mientras tanto ¿Qué hace el gobierno estatal encabezado por Yunes Linares? Está afanado en conseguir recursos para pagar la nómina y solicitar apoyo a la federación para detener el embate delincuencial, una circunstancia nada envidiable para quien gobierna pues dentro de sus ofrecimientos de campaña destaca el de atenuar la inseguridad en los primeros seis meses de la gestión. No ha sido así, pero ese es un pecado compartido entre quien aspira a ser votado y quien emite el sufragio, pues nadie en sus cabales podría esperar semejante milagro en el complicado escenario veracruzano.

Se votó por una esperanza, cansados de la ineptitud y la corrupción producimos la alternancia; en lo punitivo el anuncio de las aprehensiones de los maleantes de cuello blanco congratula pero no da de comer ni auspicia Seguridad. Sin embargo, es vano el intento de evaluar un gobierno a siete meses de su arranque, cuya actuación se entorpece porque camina en campo minado; requiere beneficio de la duda, aunque yo solo restan 16 meses para descontar expedientes.

alfredobielmav@nullhotmail.com.