Política al Día
Por Atticuss Licona

Una vez pasado el estupor por la reforma que dio origen a la minigubernatura en Veracruz, mucho se habló del plan de ocho años nacido de la famosa “alianza indisoluble” y “sin fecha de caducidad” entre Héctor y Pepe Yunes. Muchas cuartillas se llenaron con la idea del 2+6 priista, pero pocos lo vieron venir, o cuando menos pocos comentaron la posibilidad de que esa misma alianza indisoluble y sin fecha de caducidad aplicaría también para los Yunes azules.

Ahora, cuando la posibilidad es alta y el enemigo político a vencer es el PAN, muchos de los que vitorearon el plan de ocho años priista ahora ven con temor y critican que esos ocho años sean panistas. La Monarquía Transexenal, El Poder Hereditario, La Cúspide del Principado, El Despotismo Bocafilantrópico, o como guste llamarlo, tiene hoy los momios a su favor.

Son dos los elementos principales que podrían determinar la elección del 2018 a favor de Miguel Ángel Yunes Márquez: el control político y la popularidad.

El corredor azul ha crecido y con base en trabajo electoral de gabinete ha ido sembrando cabezas de playa en diversas partes del Estado. Lo que antes solo era Boca, como en juego de mesa de conquista territorial se fue expandiendo. Tan solo en Boca del Río, Veracruz y Medellín, tendrían garantizados unos doscientos mil votos. La guerra y la política se practican con similitudes increíbles.

Pero también en la recta final los equipos políticos de los aspirantes cuentan mucho, y son muchos los políticos que se han ido adhiriendo no solo a un compromiso laboral, sino a un proyecto llamado Yunes Márquez. A su alrededor, Miguel Ángel mantiene un equipo cercano, los de casa, con los que sigue gobernando Boca del Río y que lo han acompañado en las buenas y en las malas, pero ha anexado liderazgos personales y territoriales que le dan ventajas comparativas.

En el cuarto de guerra de Yunes Márquez entre los que están listos para lo que venga destacan el triunvirato del poder compuesto por Guillermo Moreno Chazzarini, Javier Jiménez y el diputado Sergio Hernández, que son los que le comandan sus acciones desde SEFIPLAN y el Congreso. Pero también están otros que con luz propia se han acomodado al lado del próximo candidato como los diputados Bingen Rementería, Juan Manuel de Unanue, Maryjose Gamboa y Mariana Dunyaska (que podrían buscar la reelección legislativa); así mismo, desde el gabinete lo apoyan Indira Rosales San Román, Rogelio Franco (quien ha mostrado ser un estoico pararrayos y que se sentó en la SEGOB gracias al decidido apoyo de los hijos Yunes Márquez), Rodrigo Marín, Paul Martínez Marié, Rafael Cuenca Jr., Polo Domínguez Jr.; o desde los ayuntamientos Pepe Medina, Gabriel Garzón y Germán Yunes… entre muchos más.

A lo anterior habría que sumarle el control político y las adhesiones de liderazgos focalizados. De norte a sur los azules se han agenciado de los tradicionales semilleros de votos que en su momento compró el PRI. La familia García Guzmán volvió al rebaño y les dará el triunfo en Pánuco; Basilio Picazo garantizará miles de votos en la sierra de Papantla; Regina Vázquez y su hermana le pasarán todos los bonos electorales de la zona de Acayucan; y aunque aún está en veremos, hay muchas probabilidades de que Vicente Benítez y el PANAL fortalecerán la región de los Tuxtlas.

En el equipo de Yunes Márquez están los de casa, los visibles y los mercenarios… pero todos ellos se traducen en miles de votos, independientemente de que Yunes Linares sea o no sea popular.

La alianza indisoluble, sin fecha de caducidad, se ve más real en el PAN que en el PRI. En los azules no hay rencillas, no hay dobles equipos, no hay jaloneos. Papá e hijo van por lo mismo… su proyecto de ocho años que le deben, aunque no lo crea, a Javier Duarte.

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