¿Matrícula? S12000546. Esa es la clave que utilizo para identificarme en la vida universitaria, van implícitos todos mis datos, todos dije, los primeros meses la tenía que consultar en mi credencial, poco tiempo después se convirtió en una respuesta de esas que salen de la mente en automático.

El primer día de clases preparé cada herramienta que supuse necesitaría, puse atención a cada idea que Leticia Nuñez nos transmitía, mi primer clase en la Facultad de Ciencias y Técnicas de la Comunicación fue fotografía, mis apuntes fueron perfectos, a los meses me convertí en una alumna destacada, concluí el primer semestre con un día de playa en compañía de esos seres que se volverían no sólo compañeros de aula, sino de vida.

Pablo, padre de familia, empleado de la Secretaría de Seguridad Pública, conductor designado (era el único que tenía auto) sábado con sábado pasaba por nosotros para emprender el viaje de Xalapa a Boca del Río, siempre he admirado su capacidad de escuchar a los demás, crítico por naturaleza, tolerante, después de clase se hizo costumbre hacer una escala en Tamarindo, donde vive su abuela, mientras el la abrazaba nosotros vaciábamos nuestras vejigas y refrescábamos el esófago. Algunas veces compartió con nosotros las preocupaciones sobre la adolescencia de su hija que le atormentaban la cabeza.

Leticia, el primer semestre le robó el corazón a más de un chico, “deshojando las margaritas por miedo a que le digan todas que sí”, siempre admiré su determinación amorosa, sus amores duraban “lo que duran dos peces de hielo en un whisky on the rocks”. Jura que “no hay lágrimas que valgan para volver”. Tengo la sospecha de que la muerte de su padre le dio esa fortaleza para desprenderse fácilmente de relaciones aburridas y absurdas; a la mitad de la carrera falleció su hermana mayor, ella con valor y fuerza se hizo cargo emocionalmente de su familia, siempre me conmoverá la relación que mantiene con su hermana menor y su mamá. Trabaja mucho y lo hace muy bien, es la primera de nuestro grupo de amigos que se tituló.

Shaid, ¿recuerdan a Peter la Ánguila? idéntico físicamente, ese flacucho ha sido con quien he compartido la mayor parte de mis carcajadas académicas, su sentido del humor es brutal, ahora mismo mientras escribo de el estoy sonriendo, de el admiro su responsabilidad de clóset, a simple vista parece un tipo desfachatado, valemadrista, distraído, pero créanme que no lo es, durante la semana trabajaba muy duro en Chedraui, gracias a él pudimos obtener muchas buenas ofertas en el área de electrónicos. Su perseverancia es discreta pero muy eficaz, hoy tiene su propio negocio de café, el más formal profesionista que conozco dentro de la economía informal.

Luis, soñaba con volverse un periodista crítico hasta que entró en la política, ¡achú!. Pacho, un mexicano con dones árabes, si te descuidas te vende el alma; Jess una loca intolerable, gritaba todo el tiempo en mis orejas mientras viajábamos, sus historias se convirtieron necesarias. Lalo, siempre preocupado por mantener su trabajo como vigilante. Los ocho cabíamos en el auto, pero sobre todo, cupimos en este sueño atemporal.

Sin embargo, ante la Universidad Veracruzana, sólo somos una matrícula, y a estas alturas del texto me permito corregir, en mi matrícula sólo están mis datos más ordinarios, porque los sueños, el sacrificio, la libertad, la esperanza, el crecimiento humano, las aventuras y desventuras propias y de mi familia no caben en una clave y al parecer tampoco caben en la consciencia y en las prioridades de aquellos que gobiernan y toman decisiones en nuestro país.

¿Cuál es la promesa que en México los jóvenes encausan? Según datos del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI) de cada 100 alumnos que comienzan sus estudios universitarios solo ocho logra terminarlos, la falta de interés y gusto en el estudio es la primera causa con un 37.4% de deserción, la segunda con un 35.2% es por insuficiencia económica. Cabe destacar que la falta de interés es principalmente vinculada con el desempleo y baja remuneración que viven los universitarios egresados. ¡Y cómo chingados no! la tasa de contratación de las personas licenciadas es de 79%, mientras que el de las personas sin estudios universitarios es de 62%, dato que rompe el mito de que si estudias aseguras un empleo.

La última Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo reveló que el salario promedio que reciben las personas con título universitario en México es de $6,870 pesos al mes. Mientras que las personas que no cuentan con educación superior tienen un salario en promedio de $4,308 pesos. Estos datos no sólo son duros, también crueles, ojalá fueran alarmantes.

Las bolsas de trabajo se han convertido en talegas de pordiosero, donde encontrar un empleo que tenga que ver con lo que estudiaste es una experiencia privilegiada, y hablando de experiencia es lo que empieza a sobrar, porque en muchos casos trabajas gratis, “para demostrar que eres eficiente” una vez que se dan cuenta que lo eres, generalmente lo que obtienes es un adiós, sin las gracias, lo que pasa “es que ahorita no hay recursos joven”. Yo se querido lector, que probablemente este no sea tu caso y si no lo es, siéntete terriblemente desdichado porque eso quiere decir que eres minoría y la historia de la humanidad sobre las minorías no es nada halagüeño.

Para obtener un empleo medianamente bien remunerado dentro de la iniciativa privada casi siempre es necesario que tu título sea expedido por una universidad de renombre, o de alto pedorraje que avale tus conocimientos, no les interesa correr el riesgo de contratar a incompetentes, lo cual es muy diferente en instancias gubernamentales, ahí no importan mucho tus habilidades y competencias, lo importante es que tus parientes o brothers estén bien posesionados, si eres capaz estás prácticamente destinado a hacer la chamba que el incapaz presumirá como suya.

¿Protesta usted mantener incólumes los principios de la verdad y la justicia en su misión de profesional? -Si, protesto. Que comiencen los Juegos del Hambre. Esta realidad no tiene lógica, no tenemos asegurado el presente, mucho menos el futuro. Lo que si es seguro es que afortunado deberás sentirte si lograste sobrevivir siendo estudiante, dentro de los pasillos de la Universidad Veracruzana ya se nos hizo costumbre hacer altares a nuestros muertos, en el 2017 José Augusto Zavaleta Salas, 2016 mi compañera Génesis Urrutia, 2015 otros ocho compañeros más, pareciera que a los universitarios se nos ha vetado la justicia. Hemos aprendido a vivir con el miedo de encontrarnos con la trágica muerte o con la ridícula nómina.