Ruta Cultural
Por: José Miguel Naranjo Ramírez.
13 de septiembre de 2017

Los Oficios Perdidos

Los micro relatos tienen la principal característica que en poquísimo contenido se dice lo esencial del tema abordado, lo contundente de la historia narrada, un ejemplo es el siguiente título “: EL CRIMEN PERFECTO (I). EL CRIMEN perfecto –dijo a la concurrencia el escritor de novelas policiacas –es aquel donde no hay a quien perseguir, donde el culpable queda sin castigo; es, desde luego, el suicidio.” (René Avilés Fabila, Los Oficios Perdidos, Colección Biblioteca del ISSSTE, 1999.)

René Avilés Fabila fue uno de los principales escritores que cultivó los micro relatos en México, los mini cuentos o mini ficciones como también se les conocen, deben poseer brevedad, precisión, economía de palabras, el lector interesado y comprometido dará por comprendido lo que no se explica en el texto, pero que va implícito para la buena comprensión de la historia, agregando que la interpretación del mensaje es de absoluta libertad para el lector, y sin más preámbulos sobre este género literario, introduzcámonos al mundo del micro relato con el libro del conmemorado escritor René Avilés, titulado: “Los Oficios Perdidos”.

El libro está compuesto por 45 mini cuentos, en algunos títulos encuentro sentimientos de nostalgias por oficios que con el paso del tiempo desaparecieron y fueron parte de nuestra infancia y adolescencia, quién no recuerda hace algunos ayeres a: “LOS AFILADORES: NO SÉ SI EN todos los países existieron; iban por las calles sacándole filo a las tijeras y cuchillos de las amas de casa. En el mío los hubo por cientos. Invariablemente marchaban sobre bicicletas que estaban adaptadas de forma maravillosa a una doble función: por un lado la de vehículo, por el otro, con mover unas palancas, era activado el mecanismo ingenioso que impulsaba una rueda gris oscura que tantos misterios encerraba en los niños al arrojar chispas en su encuentro con la hoja de acero. Cómo disfruté mirando trabajar al afilador, con destreza renovaba el filo del cuchillo de carne, moviendo el pedal y contándome sus correrías por la ciudad.”

En otros micro relatos se percibe el estilo que tanto distinguió al Maestro René Avilés como lo es la ironía, el sarcasmo, el humor negro, verbigracia es el título de: LOS VERDUGOS: POR AÑOS Y AÑOS gozaron de una gran reputación llegando a ser auténticos artistas: podían cortar cuellos limpiamente o ahorcar sin grandes sufrimientos a los criminales. A manos suyas, sin distinciones ideológicas o sociales, sólo al servicio del poder, cayeron cabezas y colgaron cuerpos. Los tiempos modernos simplifican el trabajo del señor verdugo. La guillotina, perfeccionada por el Dr. Guilllotin poco antes de la Revolución Francesa, es sin duda uno de los instrumentos de muerte más fascinantes. Pero la ciencia no se detuvo. La cámara de gases y la silla eléctrica son notables aportaciones de la tecnología yanqui que sustituyeron con eficacia al fusilamiento, la decapitación y el ahorcamiento…

En los diversos títulos encontraremos fábulas, cuentos, la variedad temática es entretenida, muy afín a nuestras experiencias, en la lectura recordaremos a los: “Peluqueros, Los organilleros, Los piratas, Los héroes, Las zurcidoras de medias, Las adivinadoras, La brujería.” Algunos oficios no están totalmente perdidos, pero se encuentran en peligro de extinción, e incluso muchas vivencias que tuvimos en nuestros pueblos, y juegos que en nuestras infancias nos hicieron felices, en la actualidad muy poco se practican, es por ello que aprovecharé el contexto del presente artículo para narrarles al igual que el maestro René Avilés mis propias nostalgias.

A Ventorrillo lo recuerdo como a un pueblo maravilloso, pintoresco, muy pequeño, con calles sin pavimentar, en esas calles que en ocasiones eran regadas con tierra y ceniza, jugamos futbol, nuestras porterías eran dos piedras grandes, a pesar de lo rústico todos sentíamos que jugábamos en el mejor estadio del mundo, gritábamos los goles con pasión, orgullo y felicidad, no pocas veces las apuestas se hacían de hielitos o refrescos, cuando ganábamos la alegría fue inmensa, pero cuando perdíamos y no teníamos dinero para pagar que resultaba ser lo más frecuente, el miedo era enorme, porque “La Burra” quien era el jugador más grande, agresivo y peleonero, nos amenazaba con quitarnos el balón o hasta pegarnos.

La mayoría de los que crecimos en Ventorrillo hace varios años, carecimos de todos los lujos y tuvimos muchas necesidades, pero fueron años maravillosos porque no fuimos esclavos de la tecnología, en la actualidad conozco a niños que su única relación con el otro es un poco a través de la escuela, la mayor parte del tiempo se la pasan encerrados con el celular o los juegos electrónicos que le embrutecen el cerebro, el avance tecnológico en lugar de favorecernos nos ha perjudicado, porque somos sociedades individualistas, egoístas, sin creatividad e imaginación.

Cuando el Maestro René Avilés narra sobre el oficio de las: “Zurcidoras de medias”, también evoqué a Ventorrillo. En mi etapa de niño mi madre fue costurera, rememoro que al inicio mientras ella aprendía el oficio de corte y confección con la estricta maestra Doña Genoveva, yo era el más feliz de esas clases, porque aprovechaba para escaparme con mi “tirador” acompañado de mi amigo Ito, Quita, y otros, a cazar “iguanas” y cruelmente a matar pájaros “pichos”. Con el oficio de costurera mi madre pudo cubrir necesidades en mis estudios de primeria y secundaria, había meses que no se daba abasto de tanto trabajo, con los años y las nuevas modas, la maquina Singer sólo existe como recuerdo, los figurines desaparecieron y hoy todo es un bella recordanza.

Los Oficios Perdidos” son relatos sensacionales, entrañables, críticos, humorísticos. Así como René Avilés Fabila recordó vivencias, oficios, anécdotas, personajes y leyendas, sus lectores a través de estos mini cuentos son transportados a sus propios espacios, tiempos e historias, y es que, si el finado y galardonado escritor rememoraba a “Ciudad Jardín” con enorme nostalgia, el escribidor del presente artículo ha recreado y presentado con enorme sentimiento y añoranza a su querido Ventorrillo.

Correo electrónico: miguel_naranjo@nullhotmail.com