Ruta Cultural

Por:  José Miguel Naranjo Ramírez

20 de spetiembre de 2017

El escritor y sus problemas

Ser escritor en un país como México donde muy poco se lee es un verdadero reto, la falta de lectura desemboca en un enorme subdesarrollo, y consecuentemente en esta problemática va implícita la mínima venta de libros, luego entonces, ¿De qué vive un escritor en México?  Partiendo del contexto antes explicado, René Avilés Fabila escribió el libro titulado: “El escritor y sus problemas”, publicado por el Fondo de Cultura Económica en 1975.

“El escritor y sus problemas” tiene como estructura principal una serie de entrevistas y encuestas que René Avilés realizó a connotados escritores entre los que se encuentran Fernando del Paso, Vicente Leñero, Augusto Monterroso, José Agustín, Salvador Elizondo, Ricardo Garibay, Gerardo de la Torre, Juan Tovar, Julieta Campos, Alberto Dallal. El dialogo central se fundamenta en las siguientes series de preguntas:

De qué vive el escritor y cómo? ¿Las regalías le son suficientes para vivir tranquilamente dedicado a la creación? ¿Cuál fue la formación que le dio las posibilidades de concebir y redactar una novela? ¿Estuvo en la universidad, o fue adquiriendo sus conocimientos en la soledad de una habitación? ¿La ausencia de crítica literaria lo perjudica, lo mantiene ignorante respecto a la verdadera calidad de sus materiales? ¿Es fácil obtener editor? ¿Hay libertad de expresión en México? ¿El escritor debe participar en política, ella enriquecerá su trabajo o, al revés, rebajará la calidad de su obra? ¿El compromiso del escritor es estrictamente con la literatura o también puede y debe darse en otros sentidos más amplios? ¿Las agrupaciones literarias son de utilidad en la formación del escritor, son una tribuna para ventilar cuestiones estéticas, la base donde se gestan nuevas corrientes literarias o de plano son inútiles?”

Resulta interesante e ilustrativo conocer las opiniones de los escritores mencionados, porque aún ya siendo reconocidos e importantes en la historia de las letras hispanoamericanas, todos apuntan que lamentablemente no se puede vivir de la literatura, que, si bien es un trabajo como cualquier otro, para poder sobrevivir se tienen que realizar muchos sacrificios y trabajar en áreas diversas y así lograr medio solventar los gastos básicos de una vida, sobre éste punto Fernando del Paso con un poco de sarcasmo declaró:

Reducir las necesidades también a su expresión mínima. Lo cual no quiere decir, desde luego, “Ingresar a las filas de los menesterosos”. Simplemente significa apretarse el cinturón, renunciar a una casa propia, a un automóvil, a que nuestros hijos aprender otros idiomas, a comer una que otra vez en el Prendes o en el Bellinghausen…Así puede minimizarse el problema económico.”

En cuanto a la formación del escritor, la mayoría respeta y reconoce el papel de las escuelas públicas en la sociedad, pero señalan que el que deseé ser escritor primero ante todo debe ser un gran lector, devorar libros y libros, después gastar cuartillas y más cuartillas, y sólo así se podrá aspirar a ser un respetable escritor o un decente crítico literario, por lo tanto, la formación del escritor es autodidacta, para Vicente Leñero las aulas ayudan, pero el resto tiene que hacerse solo. Ricardo Garibay y Fernando del Paso, manifestaron que las aulas son incapaces de formar escritores; al menos en la mayor parte de los ejemplos.

En éste punto valdría la pena preguntarse: ¿Se puede tener una sólida formación sin la guía de nadie, sólo a través de la lectura de libros? A esta pregunta que no está incluida en el texto de René Avilés, Fernando del Paso señaló y al mismo tiempo responde a nuestra pregunta, que la verdadera guía son los libros, pero que siempre se requiere y en el andar literario se adquiere, a un maestro o lo más recurrente a un amigo que nos orienta, nos indica lecturas y esto es fundamental, porque se cubren vacíos que sin la debida orientación difícilmente se podrían cubrir, un ejemplo de ello es que René Avilés tuvo de amigo orientador a Juan José Arreola, y el escribidor del presente artículo no podría semana a semana diseñar los temas que se presentan, sin la guía del filósofo Gustavo Salmerón Jiménez, lo real es que salvo sus acepciones, la verdadera formación se adquiere fuera de las aulas.

Un tema relevante abordado en: “El escritor y sus problemas”, es la ausencia de crítica literaria, primero porque la poca critica que se realiza es ineficiente debido a que no existe autenticidad y profesionalismo en los críticos, recurrentemente una novela es tachada de buena o mala y en muchas ocasiones sin haber sido leída completamente, esto no es un problema menor, porque la crítica literaria es fundamental tanto para el público lector como para el propio escritor, la función esencial del crítico literario no es decir si es buena o mala la obra, su función principal es desarrollarla, interpretarla, analizarla, evitar la verborrea o convertirse inmediatamente en un jurado descalificador ya sea por arrogancia o desconocimiento.

Albero Dallal, sobre esta importante materia opinó: “El acto revelador, para Dallal, no ocurre plenamente sino hasta que la crítica se convierte en obra de arte. El crítico que propicia la revelación a través de su obra se convierte en un artista del pensamiento, pues a una tarea analítica, precisa, sistemática, científica, ha agregado una actitud filosófica consciente, poseedora de cualidades estéticas propias. Dallal no cree que los grandes críticos tengan por fuerza que ser grandes creadores en otras ramas de la literatura, pero si deben crear “obra de arte del arte”. Que, por otra parte, la existencia de una crítica artística es “signo de creaciones.”

Correo electrónico: miguel_naranjo@nullhotmail.com