Resulta que mientras anuncia la persistencia de su huelga de hambre y además asegura en tono de autocondolencia que sus signos vitales estuvieron el domingo en un nivel crítico, resulta que el caricaturesco ex gobernador Javier Duarte de Ochoa se zampó una sopa de verdura el día anterior a esa supuesta crisis, para festejar o hacerle los honores a la visita de su hermano.

Para empezar, en un sujeto troglodita como él, la huelga de hambre no debe ser considerada una expresión de protesta pública, sino una necesidad para eliminar las decenas de kilogramos de grasa que tiene de más.

Lo que queda claro es que bien dice el dicho “genio y figura hasta la sepultura”. Javier Duarte no pierde su carácter tramposo y mentiroso, pero además de una ingenuidad que sería encantadora si no se tratara de un sujeto ruin y lleno de crueldad. Dice una cosa, sin estar consciente de que su vulnerabilidad le impide que sus mentiras se sostengan como antes, porque las autoridades penitenciarias lo desmienten, como en este caso, en que lo descobijaron que ya le entró a la yantada.

¿Qué dicen los veracruzanos? ¿Que siga en su grotesca huelga de hambre o que ya la suspenda? ¿O que la continúe dándose sus permisitos de comer cuando se le antoje?