“Cuando la ambición política de los individuos interfiere en la vida cotidiana de una organización suelen surgir síntomas nada favorables para su exitoso desempeño. Tal le ocurre al Partido Acción Nacional, ahora que su presidente nacional protagoniza el doble papel de ser aspirante a la candidatura presidencial y a la vez dirigir, organizar e implementar las reglas para esa competencia; esa dualidad despertó la inconformidad de Margarita Zavala y Rafael Moreno Valle. Con esa aparente ventaja Ricardo Anaya se desenvolvía en libertad, hasta que se deslindó de ciertos compromisos contraídos con el gobierno, actitud que le originó dura respuesta, de allí la ruda exhibición de pecados patrimonialistas difíciles de explicar. Además, para demostrarle que su avance político no todo se debe a méritos personales le activaron mayor oposición al interior de su partido, con augurios no muy buenos en el más corto de los plazos”.