A casi un año de haber concluido la pesadilla duartista sus efectos no han disminuido aunque la desazón popular es cada vez mayor porque no se advierte alivio a la sed de justicia, los malhechores continúan libres y aunque el cabecilla ya está recluido muchos más gozan de libertad y de lo sustraído. En la memoria popular bullen los nombres asociados a las empresas fantasmas; al interior de la sociedad surge la cábala ¿todo quedará impune, devolverán lo robado, pisarán cárcel? Ojala este expediente histórico llegue a un final que satisfaga a vox populi.