El dirigente nacional del PRI, Enrique Ochoa Reza, niega el dedazo presidencial en la designación del candidato de su partido a la presidencia de la república, un síndrome muy conocido y culturalmente aceptado en México, por lo cual resulta harto infantil negarlo: por “consulta” a la base o por delegados, tal ritual ha sido reconocido por el propio Peña Nieto. Quien haya asistido a una convención de delegados ya conoce la consigna a seguir y la unanimidad lo confirma. Pero además sería de principiantes iniciar procedimientos atentatorios contra la unidad en tiempos en los cuales cualquier división resta fuerzas. Pero Ochoa aprovechó para anticipar el 15 de diciembre como fecha del destape.