Por Sonia García García

Barcelona, 15 de octubre del 2017.

¿Quién representa a esa España que sólo quiere diálogo?, los que hemos apelado a la paz para resolver la situación de Catalunya estamos conscientes de que el diálogo sólo se da entre iguales.

Y está demostrado que nuestro pequeño país no es igual al estado español. Carles Puigdemont, anuncia que sus decisiones estarán guiadas por el “compromiso con la paz, el civismo, la serenidad y también la firmeza y la democracia”.

Supongo que eso quiere decir que no declarará la independencia.

Me parece estupendo, pero qué pasará con los heridos del primero de octubre, con los miles de personas que salieron a depositar sus esperanzas a través de las urnas (aunque éstas no cuenten legalmente para la decisión de independencia); qué pasará con los agresores y los difamadores políticos y mediáticos, que acusan hasta a los médicos de manipular las cifras de heridos. Quién pagará los enormes gastos que está originando todo este enorme despliegue judicial, policial, político y propagandístico.

Sin duda, el pueblo. Hayamos o no votado, o hayamos votado sí o no a la independencia.

Y si Carles Puigdemont afirma que declaró la independencia en las actuales condiciones, lo que se prepara es la intervención de la autonomía y de las instituciones políticas catalanas, y puede que la ilegalización de los partidos separatistas, el control de la educación y los medios públicos de comunicación, y con ello la extensión de la represión. Triste panorama como para discutir entre iguales.

Ya hemos sentido esta represión el día del referéndum del 1 de octubre. Lo demás es sutil, como el helicóptero que no paraba de dar vueltas sobre el cielo catalán, símbolo de un Estado que está sobre el pueblo.

Surgen además, viejos fantasmas, como la ultraderecha que se ha hecho especialmente visible estos días. Por la calle, en los bares, donde se acostumbra a hacer “política real”, algunas personas expresan: no se puede dialogar con delincuentes, refiriéndose a cómo Puigdemont y los suyos han infringido la ley. Pero hay otros que contestan: si se ha dialogó con ETA, cómo no hacerlo ahora.

A pesar del ruido mediático y la avalancha de empresas que cambian su sede social a otras ciudades, a pesar de que estos días los bancos están llenos de personas que tienen dudas de dónde irán a parar sus ahorros y exigen explicaciones a los gerentes, sin que puedan pedir explicaciones a sus autoridades, a pesar de todo, seguimos trabajando, llenando los restaurantes, disfrutando de los días de asueto con motivo del puente de la hispanidad, fiesta que desde hace años apenas se celebra en Catalunya, yendo al cine, estudiando, leyendo los diarios que por unos días han vuelto a incrementar su tiraje.

Es posible que mañana lunes se abra un comienzo, que quizá se pueda hablar de un proceso de reforma constitucional, ofrecido incluso desde algunos partidos políticos, que como siempre, buscan el clientelismo electoral, ante una Europa que se ha quedado quieta en espera de que sean los pueblos los que terminen solucionando sus problemas. Mientras, las conciencias despiertan en otras regiones, con multitudinarias manifestaciones en Murcia y Valencia.

También al interior de cada grupo, al menos de Whatsapp, se perciben críticas, bromas, exabruptos, que hablan de que estamos cansados del monotema pero no queremos dejarlo a un lado, sabedores de lo que nos espera. Tanto en España como en Catalunya se debieron haber producido ceses, dimisiones y renuncias. Pero no, imposible. Los gobernantes, en la actual partidocracia que padecemos en España, lejos de sentirse servidores de los ciudadanos que son quienes les pagan el sueldo, se aferran a sus privilegios y a sus hinchados sueldos.

Circula por las redes sociales que Bruselas le pide a España un recorte de sus más de 650 diputados y senadores, 1,206 parlamentarios autonómicos, 1,031 diputados provinciales, 970 cargos de confianza en diputaciones y un largo etcétera…

Yo, como parte de esta sociedad hace apenas unos años me pregunto por qué sí Pujol y Convergencia, el partido nacionalista catalán, fundado por él, han estado gobernando Catalunya durante décadas, con amplias mayorías y teniendo enfrente en varias ocasiones, a los socialistas, gobierno de Felipe González y Zapatero, y a los gobiernos del PP, Aznar y Rajoy, a veces dependientes de sus votos, no se hicieron los pasos para solucionar los problemas de fondo: mayor equilibrio en la finanzación, más autogobierno.

Cabe decir, que el Partido Popular nunca en Catalunya ha tenido papel relevante. Siempre ha sido una fuerza minoritaria. Todos se mueven entre grandes y medias mentiras a la búsqueda de anclar el voto emocional de sus seguidores. Con un lenguaje populista por lo general bastante burdo en los medios cercanos al gobierno del PP y más sutil en Catalunya.

Leo los diarios de uno y otro lado, escucho la radio y veo la televisión. Decido silenciarlos para sacar mis propias conclusiones. No puedo evitar pensar que detrás de este movimiento hay poderes más grandes que no vemos, hay otros que intuimos, pero sobre todo en medio, hay un pueblo preocupado. Jóvenes, estudiantes, profesores y profesoras, trabajadores y trabajadoras, empleados y empleadas, empresarios y empresarias dispuestas a seguir trabajando, ancianos y ancianas que exigen respeto, hombres y mujeres que no quieren dejar de creer que su voto es su fuerza y que los gobernantes tienen que rendirles cuentas.