No es fácil definir la mentira, los simplistas sencillamente dirán que la mentira es lo contrario a la verdad. Pero entonces caeríamos en un dilema más grande: ¿Qué es la verdad? En todo caso mejor tratar de definir la mentira que sucumbir a la frustración de definir la verdad.

Ahora bien, ¿y si en lugar de señalar lo que para nosotros es mentira, por qué no empezamos por decir lo que para nosotros no es la mentira. Hay dos aspectos de la verdad que podríamos explorar: La crítica y el punto de vista. La crítica no puede ser mentira si la crítica se basa en criterios y esos criterios se basan en verdades propias, adquiridas a partir de nuestro conocimiento y experiencia. Cierto, puede haber una crítica vacía, llena de subjetividades que se parece mucho a la mentira. Porque el tipo me cae mal pues por eso me parece que su auto es feo, que su esposa es fea, que sus hijos son feos y que su casa es fea. Porque el tipo ni me pela entonces todo lo hace mal. Pero la crítica sustentada en hechos no puede ser mentira, por mucho que contradiga lo que a nosotros nos parece verdad. Finalmente, la crítica nos ayuda a corregir errores, si es que somos abiertos a la crítica y detectamos, gracias a ésta, esos errores. Es por ello que valdría la pena ejercer un poco la autocrítica, que es uno de los ejercicios más difíciles cuando se ostenta el poder.

¿Qué es verdad?, ¿qué es mentira?: El punto de vista

El punto de vista no puede ser mentira. El punto de vista se basa en la perspectiva que toma uno para advertir la realidad. Podemos subir a una loma y otear el horizonte y la realidad será otra si contemplamos el horizonte desde una ventana. Otear el horizonte desde una loma siempre nos dará una mejor perspectiva, nos brindará una focalización diferente que si las cosas las miramos desde un cuarto cerrado. A veces, porque no se toma el punto de vista del otro es que las cosas fallan. Por ejemplo, la Reforma Educativa. Los que diseñaron la Reforma Educativa lo hicieron desde el punto de vista de un funcionario rodeado de doctores en estadística, doctores en pedagogía, psicólogos y líderes sindicales de la educación. Sin embargo, poco tomaron en cuenta el punto de vista de los maestros en las aulas. Del maestro que camina una hora para llegar a su aula y que sabe que algunos de sus alumnos caminan más que eso. No tomaron en cuenta al maestro que no termina su trabajo cuando suena la campana de salida, sino que su trabajo lo continúa en casa.

Entre las “fake news” y la maledicencia

Las diferencias surgidas entre el gobernador y el periódico La Jornada no se pueden dirimir dándole a uno la razón y quitándosela al otro. De hecho, esos roces ni siquiera deberían darse. No queremos en el estado a un mandatario como Donald Trump que ante las cosas con las que no está de acuerdo, califique a La Jornada como un medio que publica “fake news”. Pero tampoco queremos medios de comunicación que contaminen su punto de vista o inclinen su criterio a partir de la atención que el gobernante les esté dando.

Sentir que a uno no le dan lo que merece puede originar una de las prácticas más deleznables del periodismo: la maledicencia. La maledicencia dice el escritor Sergio Pitol es: “Esa especie de ejercicio permanente de defensa con que los mediocres, los frustrados y los cerdos tratan de encubrir la mentira que es su vida, su pobreza íntima”. Aprendamos de lo que pasó en sexenios anteriores, particularmente en el de Fidel Herrera. Sólo nos enteramos del mal gobierno de Fidel Herrera porque por ahí encontramos algunas voces críticas, que contradecían la verdad oficial. Pero el resto de los medios de comunicación, incluyendo a muchos que ahora repudian la forma de gobernar de Yunes Linares, dejaron que Fidel, vía el gordo Gándara, les comprara su verdad. Entonces todo era miel con hojuelas, todo era prosperidad y fidelidad; Veracruz era una sucursal del Paraíso.

A veces me pregunto, ¿si Yunes Linares les diera a algunos medios el mismo trato que Fidel les dio, pensarían lo mismo de él? ¿Si los convenios circularan como circularon en los tiempos de Fidel y en los tiempos de Javier Duarte, dejarían de ver un simple desalojo como un vil acto de represión?

Ya lo dice el poeta Ramón Campoamor: «En este mundo traidor / nada es verdad ni mentira / todo es según el color / del cristal con que se mira».

Armando Ortiz                                                                      aortiz52@nullhotmail.com