La novatez política del presidente de la Junta de Coordinación Política, Sergio Hernández Hernández, y las pretensiones de “toma todo” de su jefe el gobernador, mantienen la dignidad del Congreso de Veracruz inmerso en un cenagal muy lejos de la ponderación, los equilibrios y los acuerdos imprescindibles en ese cuerpo colegiado que representa los más altos intereses de los veracruzanos.

El organismo que debe ser fuente y garantía de la legalidad, vigilante irremplazable del cumplimiento de las obligaciones y arquetipo de acuerdos civilizados y civilizatorios, pierde su pundonor porque quienes lo dirigen enfrentan un Juicio de Protección de Derechos Humanos por la violación de acuerdos intracamerales.

PAN y PRD pretenden perpetuarse en la directiva política de la Legislatura y con ello sólo demuestran una ambición penosa, completamente separada de la visión de Estado que es exigible en personas con tan importantes responsabilidades.

Claramente son enanos intelectuales jugando a ser políticos.