Mientras no hacen gobierno, los movimientos de izquierda cuestionan todo, aluden a la democracia como la mártir de los gobiernos de “derecha”, “reaccionarios”, “retardatarios”, “explotadores del pueblo”, “capitalistas”, colonialistas”. Pero una vez logrado el triunfo “revolucionario”, en vez de dedicarse a revertir la pobreza, a institucionalizar los procedimientos democráticos en asuntos electorales para formar gobiernos representativos del pueblo, incurren en los vicios que antes criticaban, todavía más, o se olvidan de elecciones o las pervierten aún más. ¿Dónde quedó el movimiento anti somocista en Nicaragua, cuyos cabecillas con Andrés Ortega al frente disfrutan hace décadas del poder con claros indicios de un cacicazgo familiar? Allí está Venezuela en donde Maduro prepara su reelección en 2018 con el clásico discurso “No podemos dejar ni una gobernación en manos de la derecha corrupta…”. “Democracia, cuántos crímenes se cometen en tu nombre…”.