Ciertamente el impacto de los sismos en México acarreó consigo desastres materiales con lamentable pérdida de vidas humanas y puso en la agenda ciudadana y política elementos previamente subyacentes en el contexto social: el excesivo financiamiento a los partidos políticos y la pesada carga representada por una onerosa clase política cuyo peso sería disculpable si actuara en función del bien común y no solo para su interés de grupo. Vuelta a la “normalidad”, la discusión para reorientar dinero de las prerrogativas partidistas hacia la reconstrucción encontrará limitaciones en el marco normativo; así ocurrirá también con la propuesta para desaparecer cierto número de escaños plurinominales, aunque nada ocurrirá en el corto plazo, el estremecimiento de los sismos sacó a flote la conveniencia de realizar cambios institucionales de conveniencia general.