Opinión

Por Mario Javier Sánchez de la Torre

Cómo una decisión totalmente sorpresiva puede considerarse la renuncia del Procurador General de la República (PGR), Raúl Cervantes Andrade, el pasado lunes 15 de mes en curso, durante una reunión de trabajo que llevó a cabo con los integrantes de la Junta de Coordinación Política (JUCOPO) del Senado de la República, pues hasta donde se sabe el tema a tratar en la reunión era sobre el deficiente funcionamiento del Sistema Penal Acusatorio Adversarial, conocido comúnmente como juicios orales.

 La causa o motivo de la apresurada demisión, aparentemente obedece a una decisión personal del cuestionado personaje, pues así lo hizo saber durante el evento al manifestar: “Algunos legisladores y políticos han utilizado mí nombre y mis supuestas aspiraciones como una excusa para ellos no avanzar en la aprobación de las leyes que permitieran mejorar las condiciones y herramientas con las que se procura justicia en nuestro querido México”. Por lo que prefirió separase del cargo para su posición no entorpeciera la tan manoseada y deseada nueva fiscalía del país.

 Importante sin duda alguna oficina gubernamental que tiene que ser ocupada por una persona de honestidad y calidad moral comprobada y además ajeno a la corrupta partidocracia que controla lamentablemente nuestro saqueado país.

 Razones por las cuales va a ser muy difícil encontrar con facilidad a un personaje que se esté desempeñando dentro del ámbito de la administración pública mexicana, así.

 Es por lo mencionado que no llama para nada la atención lo manifestado al respecto de esta importante renuncia de parte del Presidente de México, en el sentido que lo más conveniente es que se resuelva después de la elección del próximo año, para que la efervescencia política que provoca una elección no presione al Senado de la República en la toma de esta importante decisión. Refiriéndose a la renuncia así: “Creo que tomó la decisión de retirarse para no ser factor que contribuyera a la polémica por la elección del fiscal”

 Pero independientemente de poder tener acceso a estas declaraciones -muy obvias por cierto- la realidad nos lleva al cuestionamiento: ¿Cuál o cuáles son los verdaderos motivos de la precipitada y velada renuncia? Por qué Peña Nieto quiere que tan importante nombramiento de haga cuando ya va a entregar la Presidencia de la República. Será que está buscando la posibilidad de dejar un Fiscal General de la República a modo.

 Por el momento solamente se puede especular que sí. Principalmente por la serie de corruptelas en que se ha visto involucrado su periodo de gobierno, muy similar a lo que sucedió aquí en Veracruz y otras entidades del país, como Quintana Roo, Chihuahua, Tamaulipas y otros más, cuyos ex gobernadores están o prófugos de la justicia, o en proceso de extradición o ya en prisión, como el ex gobernador de Veracruz, Duarte de Ochoa y parte de su banda.

 Así pues, tenemos que ver la renuncia del priista Raúl Cervantes Andrade, no como un acto de congruencia política, sino como una acción premeditada, una estrategia que se está preparando para finalizar de la mejor manera posible este sexenio de corrupción e impunidad. Usted que OPINA estimado lector. Hasta el viernes.

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