Línea Caliente
 Por Edgar Hernández*
31 de octubre de 2017

 

“La gran crisis de inseguridad que vivíamos los veracruzanos en 1986, la resolvió don Fernando en menos de seis meses”.

Fue una ceremonia austera que contó con la presencia oficial de un empleado de media cuchara representando a Miguel Angel Yunes en donde se evocó la memoria de un veracruzano de excepción, a 17 años de su muerte, Fernando Gutiérrez Barrios.

Fue clara la intención gubernamental de achicar la figura de un hombre cabal que aplicó su talento, vocación y esfuerzo a las mejores causas de Veracruz y de México.

Un minúsculo acto luctuoso que solo mostró el resentimiento y desprecio de quien se niega a reconocer al “Hombre Leyenda”, experto en seguridad y crisol de la no corrupción.

En un espacio no mayor de diez metros se montó un micro entarimado para la familia y empleados de tercera del municipio y el gobierno del estado y 20 sillas para invitados y familia que por cientos llegaron y se colocaron en las calles laterales.

“Con la vara que mides, serás medido”, comentaron algunos de los asistentes.

Así, tan relevante conmemoración –menospreciada por quien no acaba de entender que honrar honra- fue encabezado por doña Divina Morales, viuda de Gutiérrez Barrios, que encarna el símbolo de lo mejor de Veracruz.

Presente con sus hijos María Angélica, Alberto, Jorge y sus nietos Marigel, Luis Eduardo, con la representación del gobierno federal y en lo particular del titular de Hacienda, José Antonio Meade.

En el acto además, parte del gabinete gutierrezbarrista, colaboradores y funcionarios de la época: Gustavo Nachón, Manolo Fernández, José Luis García Mercado, Miguel Angel Díaz Pedroza, Eduardo Thomae, Ricardo Olivares, Guillermo González, Marcos López Mora, Caros Darío Arcos Omaña, Rosario Piña, su hija del mismo nombre, Bruno López, Ismael García Huesca, Leonor de la Millar, David Varona y otros más que escapan a la memoria.

Y amigos, muchos amigos que evocaron al político de extraordinaria sensibilidad quien –como dijo Armando Méndez de la Luz, en su calidad de orador oficial- gustaba de retos lo cuales no  rehuía sino afrontaba.

“Don Fernando Gutiérrez Barrios fue un ser humano con vocación excepcional de negociador, un político interesado más en persuadir que disuadir… por ello, siempre buscaba al a través del diálogo y del acercamiento, convencer, más que vencer”.

El mensaje de Méndez de la Luz fue demoledor en dos temas sustantivos que hoy nos agobian: la inseguridad y las finanzas.

“La gran crisis de inseguridad que vivíamos los veracruzanos en 1986, la resolvió don Fernando Gutiérrez Barrios en menos de seis meses y lo pudo hacer porque era un experto en seguridad y porque no era corrupto”.

“Un gobernante, evocó, no debe aceptar presiones, favores ni prebendas de los grupos delincuenciales porque se pone en riesgo la seguridad de la población. Es así que cuando el jefe no le entra a la corrupción esta se abate en al menos el 50 por ciento”.

Y en materia económica, Méndez de la Luz recordó que durante el mandato de Gutiérrez Barrios se “invirtieron 28 centavos de cada peso del presupuesto en obra pública mismos que contrastan con los menos de tres centavos de cada peso que se invirtieron en el año 2016 lo cual explica, en buena parte, la caída de la economía y el bajo nivel de vida de millones de veracruzanos”.

Fue una mañana tibia de evocaciones y comparaciones; de abrazos y el “¿te acuerdas?”; de críticas y censura a quien desde Boca del Río determinó sin consultar a la ciudadanía mover el busto de don Fernando Gutiérrez Barrios del boulevard de la costera para arrinconarlo en la esquina de una calle cualquiera o despreciarlo arrojándole pintura azul.

Rápido, muy rápido, se echó al basurero de la historia que don Fernando como constructor de instituciones que, a nivel federal, sentarían las bases del Instituto Federal Electoral, hoy Instituto Nacional Electoral, el nuevo sistema penitenciario, el Sistema de Protección Civil y el Centro Nacional de Prevención de Desastres.

Mientras a nivel Veracruz, se le recuerda por la creación del Instituto Veracruzano de la Cultura, la Secretaría de Desarrollo Económico, la Escuela Normal Superior y el Centro de Especialidades Médicas.

Cumplió asimismo el viejo sueño, por décadas anhelado, de construir la carretera a Alto Lucero.

Es así, como lo citó el colaborador de toda una vida de don Fernando, Armando Méndez de la Luz, quien es un reconocido político congruente y consecuente con su devenir histórico, que la filosofía de Gutiérrez Barrios se basaba en servir, no servirse lo cual “exhibía su estatura de estadista no de político convencional”.

“Don Fernando tuvo el poder en sus manos, pero supo moderar ambiciones personales para conducir con honestidad las instituciones que dirigió en beneficio de todos”.

Para los tiempos actuales queda vivo el legado de Gutiérrez Barrios quien no imponía, convencía. No maltrataba. Era justo y de siempre mantuvo un profundo respeto por la libertad de prensa.

¡Se le extraña!

Tiempo al tiempo.

*Premio Nacional de Periodismo