Línea Caliente

Por Edgar Hernández*

¡Al periodista Pedro Reyes, víctima del abuso del poder!

En las puertas del “destape” del candidato del PRI al gobierno de Veracruz, fuertes nubarrones se ciernen en torno a José Francisco Yunes Zorrilla, quien en las últimas semanas ha tomado sensible ventaja sobre su cercano seguidor Héctor Yunes y otro no tanto, un tal Juan Manuel Diez Franco,  neoporfirista oriundo de Orizaba.

La bufalada priista desatada en torno a Yunes Zorrilla es una señal de que su inminente candidatura transita en dos carriles: por una parte la cargada que huele a que este arroz ya se coció, y la otra, los colados de la Fidelidad, los transas del Duartismo y las rémoras del viejo priismo que tanto desprecia la sociedad civil.

Al Yunes rojo lo prestigia su honestidad, lo desacredita, sin embargo, el selecto grupo que lo rodea, así como los de última hora que se le han acercado ofreciéndole dinero y votos a cambio de cobros de facturas a futuro.

Y si bien la consigna es la unidad del PRI, inopinado se cargue con toda la basura que hizo que este partido a nivel nacional entregara la Presidencia de la República en el 2000 y a nivel estatal Veracruz el año pasado por las vías de la alternancia manifiesta en las urnas.

El PRI con tan solo 929 mil 485 votos busca alcanzar la gubernatura en el 2018 cuando de ley requieren al menos de 1.5 millones de votos, es decir casi 600 mil votos más… ¿de dónde los va a sacar?

Requiere además convencer al electorado que es su mejor opción cuando sigue presente aun el efecto Duarte, el fantasma de la corrupción, la impunidad en que se mueven los saqueadores y –lo más importante- la desorganización del PRI estatal que se mueve entre la opacidad y la disputa de inservibles carteras.

Está muy bien sumar, pero la mula no era arisca se hizo a palos. No se puede sumar a quienes prostituyeron el voto como lo hicieron Erick Lagos, Adolfo Mota, Jorge Carvallo, Vicente Benítez y Gabriel Deantes.

No se puede sumar cuando Carlos Brito, Ranulfo Márquez, Gonzalo Morgado, Juan Carlos Molina y Renato Alarcón son quienes están tomando la riendas de la organización de la campaña, dejando incluso fuera a la Corriente Crítica que encabeza Eduardo Thomae, único bastión que podría legitimar al PRI.

Y no es posible que pregonen los truhanes de la Fidelidad que Fidel Herrera será senador plurinominal a cambio de garantizar la victoria de José Yunes.

Algo huele mal en Dinamarca.

Como lapas se adhieren quienes eventualmente podrían trastocar el empeño yunista de regresar al PRI la gubernatura máxime el inusitado crecimiento de Morena que en la pasada elección para gobernador alcanzó 809 mil 964 votos, casi la misma proporción que el PRI.

Con la presidencial, Morena, que lleva como punta de lanza a Andrés Manuel López Obrador, es previsible se dé el efecto Peje que haga ganar a la “vaca” de Cuitláhuac García, quien ya tomó alguna experiencia al contender contra los Yunes el año pasado.

Dispondrá además de una buena alcancía que le darán las alcaldías ganadas este año, entre ellas Xalapa que ya en manos de Hipólito Rodríguez dispondrá de 300 millones de pesos de presupuesto.

Ello sin descuidar o dejar suelto al tigre –que no es de papel-  Miguel Ángel Yunes Linares, candidato de la alianza PAN -PRD “Unidos para Rescatar Veracruz”, quien arrebata la gubernatura al PRI con el 34.40 por ciento de la votación, lo que representó un millón 55 mil 544 votos.

Así, Yunes, ya gobierno, la trae más cómoda si consideramos sus buenos ahorros y tiene el arca abierta para empujar a su hijo Miguel Angel Yunes Márquez.

El actual gobierno tiene además al congreso de su lado y un buen garrote contra los alcaldes transas que si no responden con dinero y votos, bote.

Hoy ser candidato del PRI al gobierno no es ninguna garantía de victoria como lo fue durante 87 años, peor si Yunes Zorrilla se junta con los malos y los maletas. Derrota segura.

Tiempo al tiempo.

 

*Premio Nacional de Periodismo