“Dale poder a un pend… y hasta la forma de caminar le cambia” dice un sabio refrán de singular certeza basado en el conocimiento de lo humano, pues hasta el hombre más prudente, antes de obtener poder político, se metamorfosea en casi un patán. Lo estamos observando en el panorámico escenario mundial en donde el exitoso empresario Donald Trump, convertido por artes “democráticas” en presidente de la potencia económica y nuclear más poderosa del orbe, se ha exhibido como un político agresivo, grosero, sin ápice de sentido común, porque no es sensato ni inteligente llamar a su similar (auténticamente lo mismo) de Corea del norte, Kim Jong “bajo y gordo”, y éste a cambio lo califica de “lunático viejo de la Casa Blanca…” y “viejo chocho americano”. Ese es el poder de la política.