La promoción del inminente Primer Informe de Gobierno sigue basada en la vertiente mediática que fue vertebral en la campaña política de Miguel Ángel Yunes Linares, consistente en echarle tierra a las imágenes de Javier Duarte y Fidel Herrera Beltrán, para activar emocionalmente a los veracruzanos. De pocos logros podrá presumir Miguel Ángel, en primera porque ha tenido poco tiempo para remendar la catástrofe de sus antecesores, pero en segunda porque, contrario a lo que se esperaba de él, constituyó un gabinete mediocre y saturó la nómina de panistas y perredistas busca-chambas, igual de ineptos que los duartistas y fidelistas.

El mandatario ha devenido en actitudes intolerantes, que tampoco abonan a un clima de civilidad y entendimiento entre los distintos actores de la vida pública. Está peleado con la prensa, no les ha cumplido a los empresarios acreedores, tiene una pésima operación política, las obras son míseras, la recuperación de los miles de millones robados es exigua y, por si fuera poco, en los pocos meses que tiene de gobernar, la violencia ha empeorado visiblemente en la Entidad.

Se esperaba más del señor Yunes. Independientemente de su larga trayectoria en el servicio público y su indiscutible inteligencia, Veracruz requería y requiere acciones honestas, ejecutivas y apropiadas, en vez de conductas roñosas, obcecación para defender a funcionarios que no sirven (como el fiscal y el secretario de Seguridad Pública), y una acción de gobierno más encaminada a construir la candidatura de su hijo, que a dar buenos frutos.

Es difícil creer que los veracruzanos aprueben el estado actual de cosas, pero si el Primer Informe recibiera calificación, con suerte pasa de panzazo.