Ahora que el presidente Peña Nieto anunció el descubrimiento de un rico yacimiento de gas y petróleo enclavado en la Cuenca del Papaloapan la primera interrogante emanada de nuestra experiencia histórica sería ¿en qué va a beneficiar a México y concretamente a la región donde se encuentra? No es ociosa la pregunta, pues se deriva de observar las condiciones sociales, políticas y económicas de Poza Rica y Minatitlán, dos ciudades ubicadas en el centro del auge petrolero del país cuyo “progreso” no se refleja en los hechos. Incluso a nivel nacional, ni el rico yacimiento de la Faja de Oro, ni el también extinguido Ixtac dejaron constancia material consolidada en mejoras sociales equivalentes a los dividendos de la explotación petrolera.