De un perfil absoluto neoliberal, José Antonio Meade Kuribreña ha sido uno de los constructores del actual sistema socioeconómico que tiene el gobierno de México y que tan magros resultados ha dado para beneficiar a las clases medias y bajas. Su carrera no ha sido política, sino burocrática.

Director General de Planeación Financiera de la Comisión Nacional para el Sistema de Ahorro para el Retiro (CONSAR); funcionario del Instituto de Protección del Ahorro Bancario (IPAB); director General del hoy desaparecido Banrural; secretario de Hacienda, Energía, Relaciones Exteriores y nuevamente Hacienda, en dos regímenes de partidos “opositores”, da la impresión de que su candidatura es una construcción del Partido Acción Nacional y del Partido Revolucionario Institucional, cuidadosamente diseñada para usarse como arma ante el embate de la izquierda de AMLO.

Hasta por candidato ciudadano pretenden hacerlo pasar, aduciendo una supuesta no afiliación al PRI, ridículo trámite administrativo que bien puede ser falseado e inclusive borrado su registro, sin que la población sepa si realmente se afilió o no, lo que es nimio en comparación con su entrega y trabajo a favor de la ideología del régimen.

Para los planes transexenales de Peña Nieto y del PRI es un candidato excelente.

Para sus rivales, especialmente Andrés Manuel, también lo es,  desde la perspectiva de que no es un luchador social y es fácilmente cuestionable y reprensible.

Para el pueblo mexicano, su triunfo sería prolongar el actual estado de cosas.