LIC. JOSÉ ALEJANDRO BONILLA BONILLA, Presidente del Consejo General del Organismo Público Local Electoral de Veracruz.

Ciudadanas y ciudadanos integrantes de este Consejo General.

Amigas y amigos de los Medios de Comunicación.

Señoras y señores.

El proceso electoral ordinario que iniciamos hoy con la instalación del Consejo General, pondrá a prueba la capacidad y la buena fe, de los integrantes de este Instituto y de todos los actores políticos que intervendremos en él.

La capacidad de que hablamos, no sólo se reduce al correcto y estricto ejercicio de los derechos y obligaciones jurídicas que a cada uno de nosotros corresponde, sino ante todo, a la utilización de los instrumentos que pone a nuestro alcance la política, es decir: el diálogo, la tolerancia, el respeto a la diferencia, el acuerdo, la mesura y el desempeño honesto de las responsabilidades públicas. Sin olvidar que en política es más importante persuadir que disuadir; convencer más que vencer; y llegar a acuerdos, recordando siempre que en toda negociación deben ceder siempre las partes en conflicto.

Al inicio de este Proceso Electoral, Movimiento Ciudadano convoca, respetuosamente, a los integrantes de este organismo electoral para que en el desempeño de sus actividades observen lo que nuestra Constitución y las Leyes General y locales que de ella emanan, imponen en la materia. Porque sólo con la observancia de los principios de legalidad, imparcialidad, objetividad, certeza, independencia, profesionalismo, equidad, transparencia y máxima publicidad, podrán ustedes responder a las expectativas y exigencias de la sociedad.

Vamos a tener un Proceso Electoral muy complicado donde los veracruzanos tendremos la oportunidad de elegir, en el ámbito federal, a quien será el próximo Presidente de la República y a los integrantes del Congreso de la Unión; y en el ámbito local, al próximo Gobernador del estado y a los nuevos integrantes de la Sexagésima Quinta Legislatura. Esta renovación implica un gran reto para los actores políticos involucrados y pondrá a prueba la capacidad del árbitro de la elección, ya que de la forma en que nos conduzcamos derivará la dimensión para medir el desarrollo de nuestra democracia.

La voluntad popular sigue siendo objeto de manipulación por un modelo de política clientelar que se resiste a morir. La tentación de la estrategia clientelar se sustenta en el hecho de saber que en nuestra entidad existen 5 millones 49 mil personas en condición de pobreza (62.2 por ciento de la población total); 1 millón 332 mil padecen pobreza extrema (16.4%); 5 millones 453 mil personas (67%) perciben un ingreso inferior al promedio de la línea de bienestar. El rezago educativo alcanza a 2 millones 87 mil veracruzanos (25.7%); además, 619 mil personas mayores de 15 años no saben leer ni escribir. De ahí la intención permanente de algunos actores políticos de aprovecharse de la pobreza y del bajo nivel educativo de millones de personas para seguir queriendo manipular la voluntad popular, lo cual resulta perverso y antidemocrático.

México vive una de las etapas más difíciles de su historia. La gran crisis económica que vivimos oculta una crisis social de peso excesivo para la estructura política del país. Los gobiernos de cualquier signo político han sido incapaces de contener el crecimiento que observan los indicadores de pobreza, violencia, impunidad y corrupción. Y en esas circunstancias resulta sumamente difícil, cuando no imposible, moderar los índices de violencia social. La gobernabilidad se ha vuelto un objetivo de altísima prioridad en el esquema de nuestras tareas políticas más urgentes. Sin embargo, para que haya gobernabilidad es necesario que los ciudadanos tengan confianza en sus gobiernos, y para que esto se cumpla es fundamental que los gobernantes sean honestos, preparados y tengan una gran emoción social.

Desafortunadamente, diversas encuestas reflejan la creciente desconfianza de los ciudadanos, no sólo en las instituciones, sino también entre los propios ciudadanos lo que se conoce como Confianza Social.

El académico Alejandro Moreno, en su artículo Confianza y Democracia, publicado por la revista Este País, plantea lo siguiente: “Los estudiosos de la confianza en el mundo, argumentan que confiar en otros, es fundamental para la convivencia social, la actividad económica y la coexistencia política, por lo que sirve como uno de los fundamentos de las formas democráticas de gobierno. Más aún, la confianza es un componente social central de lo que los sociólogos denominan Capital Social, que a su vez representa una red de interacciones sociales y de vida asociativa. Por ello, la confianza facilita la acción colectiva, como ya lo ha señalado el politólogo Francis Fukuyama.

La confianza que más contribuye a la coexistencia con otros, y, acaso, a la vida política democrática es aquella que tiende puentes hacia los demás (bridging trust), más allá de los circulos familiares o cercanos. De acuerdo con politólogos como Robert Putnam, entre otros, es una confianza generalizada.

México no sólo cuenta con niveles comparativamente bajos de confianza social sino que, además, ésta va a la baja, según revela la Encuesta Mundial de Valores (EMV), para nuestro país. De 1990 a 2012 la confianza social decayó progresivamente del 34% al 12%.

Cuáles son las causas de la disminución de la confianza, es una pregunta que queda abierta. Quizá tengan que ver la inseguridad, la violencia, acaso la corrupción o bien el deterioro económico. Pero las consecuencias para lo político son claras: La disminución de la confianza va de la mano con un creciente malestar democrático que las mismas encuestas han documentado junto con una decepción del marco institucional que va en aumento. Al parecer, esta caída de la confianza social es un problema con consecuencias políticas al que debemos poner una mayor atención y cuidado”.

La Encuesta Nacional de Opinión Ciudadana realizada por GEA-ISA en julio de 2017, revela que un 89% de los encuestados contestó que el país iba por el rumbo equivocado en lo político, y un 79% en lo económico. Un 58% de la población no le cree nada al titular del Ejecutivo Federal y sólo el 3% le cree, lo cual refleja el altísimo nivel de desconfianza de la gente en quien gobierna este país. Cifras similares de desconfianza manifiesta la población hacia los legisladores, partidos políticos y autoridades electorales.

La encuesta Latinobarómetro 2017, que se realiza en 18 países de la región, reveló que la mayoría de los mexicanos no cree en la democracia del país y 9 de cada 10 considera que el actual gobierno no trabaja para bien de todo el pueblo, sino sólo para beneficio de algunos grupos poderosos. Desde el año 1995, cuando inició el estudio Latinobarómetro, México ha registrado disminuciones significativas, pero durante el sexenio del Presidente Enrique Peña Nieto, se ha registrado la mayor pérdida de apoyo a la democracia: En 2015 y 2016 la aprobación fue del 47% y en 2017 cayó al 38%.

Por otra parte, el “Informe País sobre la Calidad de la Ciudadanía en México” realizado por el Colegio de México y el INE en diciembre de 2016, señala que el 68% de los ciudadanos no confía en la autoridad electoral, los partidos políticos ni los legisladores.

Los datos que reflejan las encuestas antecitadas, nos revelan la gran crisis de confianza que los ciudadanos mexicanos muestran hacia los actores políticos, las instituciones y entre los propios ciudadanos (Confianza Social). He ahí el gran reto que tenemos que afrontar entre todos. Sólo con la actuación honesta y transparente de las autoridades gubernamentales y electorales, los actores políticos y la ciudadanía en general, podremos fortalecer la confianza que nos permita lograr la gobernabilidad que nos devuelva a la senda de la paz, el desarrollo y la tranquilidad social.

Movimiento Ciudadano mantendrá la línea de ser respetuoso de las decisiones de las autoridades electorales, sin soslayar de su derecho a disentir y controvertir por las vías institucionales cuando así lo considere.

Hacemos votos para que el Proceso Electoral en curso sea una experiencia formativa que enriquezca la todavía incipiente vida democrática de nuestro Estado.

¡Muchas gracias!