Por David Quitano

A través de las edad el éxito ha sido de aquellos que perciben las necesidades públicas y saben satisfacerlas

Smiller

 

Dentro del hecatombe político que vivimos en México, cabe pensar siempre con que el futuro es una posibilidad de dejar de lado las cicatrices que el pasado nos ha dejado, y fijar una trayectoria responsable, con el presente y el futuro.

El debate nacional debe ser con ideas y no adjetivos. Pasar de los lugares comunes a los temas con sustancia. El país demanda una ruta de avance, y no un salto al vacío.

Ya  en el siglo XVIII escritor satírico y abogado francés Maurice Joly, escribió una fabulosa obra titulada “Diálogos en el Infierno entre Maquiavelo y Montesquieu”, en la cual Joly, presenta a ambos autores discutiendo sobre la concepción del Estado, el materialismo político y las utopías del hombre.

Al respecto, precisamente en el Diálogo Séptimo, Maquiavelo le responde a Montesquieu sobre las características que habrían de tener quienes toman decisiones a nombre de la colectividad y su ejercicio del poder. A lo que nos dice:

“El poder con que yo sueño, lejos, como ves, de tener costumbres bárbaras, debe atraer a su seno todas las fuerzas y todos los talentos de la civilización en que vive. Deberá rodearse de publicistas, abogados, jurisconsultos, de hombres expertos en tareas administrativas, de gentes que conozcan a fondo y hablen todas las lenguas, que hayan estudiado al hombre en todos los ámbitos. Es preciso conseguirlos por cualquier medio, ir a buscarlos donde sea, pues estas gentes prestan, por los procedimientos ingeniosos que aplican a la política servicios extraordinarios.

Y junto con esto, todo un mundo de economistas, banqueros, industriales, capitalistas, hombres con proyectos, hombres con millones, pues en el fondo todo se resolverá en una cuestión de cifras.

En cuanto a las más altas dignidades, a los principales desmembramientos a hombres cuyos antecedentes y cuyo carácter abran un abismo entre ellos y los otros hombres; hombres que solo pueden esperar la muerte o el exilio en caso de un cambio de gobierno y se vean en la necesidad de defender hasta el postrer suspiro todo cuanto es.

Supóngase por un instante que tengo a mi disposición los diferentes recursos morales y materiales que acabados de indicar- dice Maquiavelo-; dame ahora una nación cualquiera y la gobernaré con éxito”.

Lo que nos enseña este conversatorio es que una gran nación para serlo requiere un conjunto de cuadros, unidos, con capacidades y convencidos de lo que puede y quieren lograr.

Ya que la inactividad como una constante de nuestro estilo de vida, denuncia un caos de nuestra personalidad y un desorden de nuestros afectos. Además, denuncia también un perdimiento de los fines de nuestra existencia, y México no puede trascender así.