Antes de tomar posesión, los entonces alcaldes electos de MORENA, algunos sin experiencia política, ningunearon las reuniones con el Gobernador y se mostraron reacios a colaborar con la administración panista.  Ya en el poder se dan de topes con las formas que requiere la administración pública, como la seguridad municipal y la logística burocrática.

Poco a poco, los alcaldes morenos dan su brazo a torcer, pues se dan cuenta de que para gobernar existen protocolos que no pueden ser abordados mediante el rebuzne rebelde. El trabajo de un funcionario debe ser respetuoso y profesional.

Habrá que ver la reacción de las bases morenistas que confiaron su voto a estos ediles, precisamente, por el arrojo que mostraban para enfrentar al sistema durante las elecciones, arrojo que en la práctica es más difícil de mantener.