Renato Alarcón concluyó su gestión al frente del PRI después de un corto pero intenso periodo nada exento de pronunciados sinsabores pues tuvo bajo su responsabilidad postular candidatos a 2012 municipios y el resultado fue pírrico. Sería injusto cargarle la culpa de esos resultados porque, aparte de la premura, no contó ni con la información suficiente para seleccionar los mejores cuadros, ni la autoridad política necesaria para oponerse a desatinos de quienes ya encontró allí, personas con intereses ajenos a la buena marcha del partido, o mejor, que aprovecharon la ocasión para atender intereses personales o de grupo. Para Renato fue un curso intensivo de doctorado político. Américo Zúñiga enfrenta la grave responsabilidad de un doble compromiso: institucionalmente despejar de simulaciones las acciones a seguir para conseguir el triunfo del partido que ahora encabeza, y cumplirle con eficiencia al amigo que en él confía. Vive el PRI una coyuntura histórica, que cada quien asuma su lugar en donde le corresponde.