Basta que Andrés Manuel López Obrador declare algo, presente algún programa, critique cualquier acción de gobierno o chacotee sobre los personajes de la política nacional, para que de inmediato una marabunta de sacrificados padres conscriptos de la patria se lance al mundo mediático para desmentirlo, descalificar sus aseveraciones e intentar disminuir el arrastre que trae entre los mexicanos.

Los embates, sin embargo, le hacen lo que los ventarrones le producían al sombrero del Benemérito, o sea nada.

Mientras los ataques de panistas, priistas y perredistas dan la impresión de carecer de autoridad moral, las incursiones del tabasqueño están revestidas de la voz inconforme de los mexicanos que no tienen manera de gritar su rabia a los corruptos políticos, que empeoran cada día, el estado de cosas para la mayoría.

La gran pregunta es si “la mafia del poder” logrará revertir en estos meses previos a las elecciones, el gusto popular por AMLO o hasta dónde estará dispuesto a llegar el aparato oficial y oficioso para impedirle llegar a la Presidencia.