OPINIÓN
Por Mario Javier Sánchez de la Torre

Hoy iniciamos nuestras actividades periodísticas en medios impresos durante este complicado e importante electoralmente hablando y escribiendo año 2018.

Pues de alguna forma los procesos electorales que se están desarrollando, no solamente llevaran a cabo los cambios que cada determinados años: dos, tres, cuatro y seis-en esta ocasión- ordena la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos. Ya que la situación del elevadísimo índice de corrupción que desde algunos años se ha estado viviendo en nuestro país, durante los últimos diez llegó a niveles que están afectando a la población mexicana en forma grave, tanto desde el punto de vista económico, como de seguridad pública, salud, educación y empleo, por solamente citar los más graves. Lo que quiérase o no aceptar, por la mayor parte de los nefastos, incultos y corruptos personajes que se dedican a lo que ellos llaman “política”, en este país, por fin llevó al hartazgo y conciencia de la situación a la mayor parte de la depauperada población mexicana.

Situación ésta última, que marca la importancia en los procesos electorales que se están desarrollando. Pues debido a ésta, existe en gran medida la posibilidad de que el próximo gobierno de la República Mexicana este a cargo de una fuerza política diferente a las que hasta ahora solamente se han servido de las arcas del Estado Mexicano y de los mexicanos. Y este es el gran miedo que existe, se percibe, entre la mayoría de los desprestigiados personajes que están en la contienda electoral.

Como los procesos anteriores, los actuales en el poco tiempo que llevan oficialmente de haber iniciado, ya están mostrando todos los vicios que están implícitos en los procesos electorales. Los acarreos en los actos de las precampañas, la transmisión de miles de spots en radio, televisión e internet, que supuestamente van dirigidos solamente a los militantes de cada partido político, pero que tenemos que escuchar todos los ciudadanos, forzosamente, con la anuencia o complicidad del Instituto Nacional Electoral (INE), como usted le quiera llamar y lo más grave que sucede en todas las campañas electorales: las grandes promesas de solucionar todos los problemas del país (en algunos casos en minutos y otros en días).

Las famosamente llamadas “promesas de campaña”, que han llegado a ser totalmente no creíbles y qué en el medio político, cuando alguien se refiere a ellas, cínicamente son calificadas así: no hay que preocuparse por lo que dijo el afortunado e iluminado precandidato o candidato, al fin y al cabo, son simplemente promesas de campaña. Actitud muy lamentable, muy cínica y falta totalmente de seriedad, que es todo lo contrario a lo que debe ser o deben ser las desprestigiadas famosas “promesas de campaña”.

Situación que llevó hace ya algunos años, a que parte de los afortunados e iluminados abanderados de la partidocracia que tenemos que soportar en esta nación, al iniciar sus campañas para ocupar algún cargo de elección popular, todo lo prometido en campaña, lo ratificaran ante algún notario público, para así dar mayor certeza y credibilidad a lo que prometían, acción que de nada sirvió, pues de todos modos no cumplían lo prometido y esa práctica mediática se olvidó, pues a nadie que fuera candidato le convenía que existiera, ya que de alguna forma quedaba lo ahí asentado como un testimonio.

Es por lo comentado, que las denominadas “fake news” o noticias falsas, en los procesos electorales que estamos viviendo en este 2018, podemos considerar que, aunque aparezcan, su efecto después de lo vivido aquí, en nuestro saqueado país, el efecto que podrán tener será mínimo. Porque para decir mentiras, hacer promesas e inventar lo “ininventable” como la mayoría de los ilustres personajes que se dedican a vivir de los presupuestos municipales, estatales y nacionales, en México, difícilmente los vamos a encontrar en otro país. Usted que OPINA estimado lector. Hasta el viernes. noti-sigloxxi@nullhotmail.com. (Fech. Púb. Miér. 10-enero-18).