Dos graves problemas tiene el alcalde Hipólito Rodríguez Herrero para gobernar con eficiencia y eficacia. El primero es su absoluto desconocimiento para operar la función pública, pues nunca se desempeñó como funcionario ni siquiera de ínfimo nivel. Y eso, la experiencia, la maña o la garra es algo que no se puede suplir con buenas intenciones ni con teoría académica. El segundo, es su entrega a los intereses políticos del Movimiento de Regeneración Nacional (Morena), por cuya sujeción ha sido obligado a designar en la administración municipal a fuereños desconocedores de la problemática local, incluyendo insuficiencias, pero también personas, liderazgos, estilos y hasta viejos compromisos y componendas entre la entidad municipal y sectores políticos y sociales. Novato, teórico e inclusive altanero e insensible, Hipólito ha emitido declaraciones desacertadas que comenzaron por malquistarlo con la sociedad a la que gobierna, y ahora, en el colmo de los disparates, ha cerrado las puertas de Palacio Municipal al libre acceso y pretende establecer controles de estilo totalitario que jamás antes se han visto en ese inmueble que es, ni más ni menos, que la Casa del Pueblo.