Quizás no haya símil tan preciso como comparar la cambiante actitud del político en circunstancias de oposición, que una vez en el ejercicio del poder adopta comportamiento diferente (y tal vez de allí surgió aquello de “no es lo mismo ser borracho que cantinero”), Mientras un político milita en la oposición todo cuanto ocurre está mal, señala pobreza, inseguridad, inequidad social, y atribuye culpa al gobierno, pero ya una vez en el poder desaparecen los problemas y todo va bien. Ese fenómeno lo refleja con mucha precisión el secretario de gobierno, Rogelio Franco, quien cuando dirigía al PRD desde la oposición criticaba lo mal que estaba Veracruz, pero ahora desde el poder declara que Veracruz está en calma y no hay problemas de inseguridad, tampoco focos rojos. Obviamente sabe que miente y aunque a nadie convence habrá que recordarle aquello de que el poder deslumbra y atonta.