Hace seis años, cuando el PRD iba a decidir su candidatura presidencial tenía la opción de escoger entre Andrés Manuel López Obrador, quien había puebleado durante doce años, y el jefe de gobierno del Distrito Federal, Marcelo Ebrard, quien por esa condición estaba a la vera de todo México; la actitud intransigente de AMLO podría provocar un cisma en la izquierda y Ebrard decidió no competirle al Peje la candidatura. En aquel entonces Andrés Manuel tenía de su parte a “los de abajo”, pero la clase media desconfiaba y se inclinaba por Marcelo Ebrard; después de la elección de 2012 quedó en el “hubiera” la hipótesis de la candidatura ganadora de Ebrard con el apoyo de López Obrador. El escenario actual muestra una clase media con mejor disposición hacia López Obrador, y esa es una de las razones de su fortaleza, en esta ocasión, y otra diferencia más reside en el equipo que lo rodea, siempre atento a sus dislates para aminorar los daños, con experiencia electoral y mucho dinero.