En Milenio, Hugo García Michel, escribe: “no queda duda: la jura como candidato en la que Andrés Manuel López Obrador se sintió más a sus anchas… fue la del Partido Encuentro Social, ese Partido Encuentro Social en el que Andrés Manuel López Obrador se mueve como ídem en el agua y donde ha encontrado la mejor respuesta a su verdadera vocación, la de Mesías, […]. Don Peje se destapó como jefe supremo de la nueva ultraderecha nacional… convocó a los hombres y mujeres de buena voluntad para ‘hacer frente a la mancha negra del individualismo, la codicia y el odio que nos ha llevado a la degradación progresiva como sociedad y como nación’. No dudo que en los próximos días el padrecito Andrés anuncie también un nuevo santoral: Santa Elba Esther de la destemplanza, ayúdanos a tomar venganza / San Napito de las Minas, mantennos en la ignorancia supina / San Marcelo buen carnal, convídanos de tu caviar / San Bartlett de la caída del sistema, quémanos más la tatema / San Germán de los Martínez, cambia de partido como de calcetines / San Cuauhtémoc de Cuernavaca, ayúdanos a hacer alharaca / San Ackerman de los chingadazos, líbranos de los culatazos / San Epigmenio de los Argos, que nos repartan muchos cargos / Santa Sheinbaum de los remisos, que no se sepa lo de los segundos pisos / San Félix de los Macedonios, que se vaya el Partido Revolucionario Institucional al demonio / San Bejarano de las ligas, preséntanos unas amigas / Santa Dolores de las Padiernas, danos la presidencia eterna / Santa Yeidckol de los desairos, ¡que ya no nos digan chairos! Amén”.