Andrés Manuel López Obrador sufre el síndrome de un fantasmal fraude electoral, una patología cuyo origen pudiera encontrarse en los traumas provocados en las elecciones de 2006 y 2012, y de otras más en las que ha asegurado que su partido obtuvo el triunfo. Esa fijación está tan arraigada que aun con la amplia ventaja que dice llevar en la percepción ciudadana llama a estar vigilantes para evitar “se roben la elección”. En Veracruz aseguró que su delantera es del 20 por ciento y en Monterrey habló de un 15 por ciento: “Estamos arriba en intención de voto en Nuevo León, en Coahuila, en Tamaulipas, en Chihuahua, Baja California, Sonora, Sinaloa, es un fenómeno del crecimiento de Morena en todo el país”. Como dicen en el llano “la burra no era arisca…”.