Nadie pudiera poner en tela de duda la buena fe del alcalde jalapeño, Hipólito Rodríguez, en su afán de hacer lo mejor posible su trabajo, pero está pagando el noviciado y la deficiente asesoría cuando enfrenta una manifestación de inconformidad sindical en reclamo del pago inmediato y entrega de prestaciones establecidas de antaño. Ante el ímpetu de los trabajadores, Hipólito se vio precisado a ceder bajo presión, un precedente nada deseable para quienes vienen motivados por el ánimo de demostrar diferencias, por un “cambio” aún hipotético, pero en última instancia comprobarán que ni son mejores ni más capaces que otros en ese desempeño para el cual solo se requiere voluntad y eficacia para resolver y satisfacer necesidades sociales. Tras de esta experiencia, por el bien de Xalapa, ojala se entienda en este ayuntamiento que la diferencia se demuestra con resultados, no queriendo parecer, sin aparentemente ser mejores que el antecesor. Xalapa requiere de proyectos urbanísticos de gran envergadura que la coloquen a la altura de una capital de Estado, o siquiera como Orizaba o Boca del Río.